Estamos justamente en las puertas de unos días  que en el argot cristiano llamamos “Semana Santa”, aunque en realidad se trata de cuatro días, los más importantes incluidos entre el jueves y el viernes.

En estos días, de todos es sabido que conmemoramos la pasión, muerte y resurrección de Jesucristo. Todos tenemos experiencia de lo que conlleva por haberla vivido en otros años.

Como es mi costumbre solo quiero detenerme, a fuer de ser simplista,  en sólo dos asuntos que me hacen reflexionar:

1.- La Pasión de Jesucristo. Me  admira la importancia que le damos, el tiempo, medios, discursos, parafernalia, pasos, estatuas, sayones, crucificados sepulcros, etc., dedicados a contemplarla, con el fin de convencernos de nuestro pecado y recordarnos que Jesucristo es el Redentor “de muchos” (como dicen ahora las palabras de la consagración en la misa).

Pero al mismo tiempo me parece lógico, porque encaja perfectamente con una característica de nuestra psicología humana. Me refiero a que la mayoría de las personas sentimos una inclinación irrefrenable hacia lo morboso, necesitamos conocer con detalles el sufrimiento, insistimos en detalles, situaciones y pormenores de alguna situación dolorosa. Por ejemplo: Ocurre un accidente y al enterarnos, la persona que nos lo cuenta siente una satisfacción interior detallando la información  y nosotros, aunque nos duela el corazón por el sufrimiento, no nos quedamos tranquilos hasta enterarnos de todo lo sucedido. Hoy eso llega a la saturación por el afán de tomar fotos con nuestros “móviles” y subirlas a internet cuanto antes, sin que nos preocupe la intimidad y el respeto a los sufrientes. Es algo que notamos como urgente dentro de nosotros.

Así se explica que le demos tanta importancia a la Pasión y Muerte de Jesús. En el año 2004 Mel Gibson dirigió una película llamada “La Pasión de Cristo”, a mi parece buena, respetable en el plano teológico y vista por muchos miles de cinéfilos. Junto a esto hay que decir que se excede en las escenas sangrientas (hay fotogramas en los que “Cristo” aparece completamente ensangrentado por los azotes y la corona de espinas), graba hasta el mínimo detalle el sufrimiento. A veces hay que apartar la vista de la pantalla porque no aguantamos más.

Por otra parte si vamos a las fuentes, los Evangelistas narrando esos acontecimientos, no se detienen tanto en la morbosidad ni en la sangre, informan de lo que ocurrió pero no detallan tan minuciosamente, como a nosotros nos gustaría en nuestro afán por saber lo que allí pasó; ni siquiera Lucas, que parece ser era médico, se detiene demasiado. Su interés está puesto en la noticia de la muerte real e histórica de Jesucristo, para ello detallan el momento de la expiración, la lanzada en el corazón y el enterramiento.

2.- La Resurrección. Es el segundo punto. Es el más importante con diferencia de todos los narrados en los evangelios y celebrados en la Semana Santa. Si será importante que el tiempo litúrgico  dedica cincuenta días para su celebración mientras que a la cuaresma “solo” cuarenta.

Los evangelistas y los primitivos seguidores del Nazareno tuvieron la vivencia en distintas ocasiones y la experiencia de que Aquél muerto y enterrado: VUELVE A VIVIR.

Tan fuertes y desconcertantes son los encuentros entre el Resucitado y sus familiares y amigos, que no lo reconocen en el primer momento, incluso lo confunden con otras personas. Quedan admirados y sin explicaciones racionales para comunicar los acontecimientos. El suceso se sale de toda expectativa, incluso, de las más imaginativas.

Tan fuerte y tan importante es este acontecimiento que les cambia las vidas, pasan de negarlo (Pedro), de venderlo (Judas), de huir (todos sus amigos más íntimos) a publicar y predicar que:  “…vosotros renegasteis del Justo y pedisteis el perdón para un asesino (Barrabás); mientras hicisteis morir al que es la Vida. Pero Dios lo resucitó de entre los muertos, y nosotros somos testigos de ello” (Hch. 3, 14-15).

Tan importante es lo que cuentan, que se ha convertido en un hito en la historia de la humanidad; hay un antes y un después de Jesucristo. Ha cambiado la vida a millones de personas en el mundo

Por eso nosotros no podemos nublar la fuerza de la Resurrección de Cristo ampliando la visión de la Pasión. Si queremos ser justos hemos de reconocer y ordenar la importancia de cada acontecimiento junto con la celebración justa y oportuna.

El mismo Papa Francisco dedicó la catequesis de este miércoles a hablar de la Resurrección y de su importancia para la fe de los creyentes de todo el mundo.

El final de esta reflexión deben ponerlo unas  estrofas del Pregón Pascual que los creyentes disfrutamos, viviendo, celebrando la Vigilia del Sábado Santo.

“Ésta es la noche
en que, por toda la tierra,
los que confiesan su fe en Cristo
son arrancados de los vicios del mundo
y de la oscuridad del pecado,
son restituidos a la gracia
y son agregados a los santos.

Ésta es la noche
en que, rotas las cadenas de la muerte,
Cristo asciende victorioso del abismo.
¿De qué nos serviría haber nacido
si no hubiéramos sido resucitados?

¡Qué asombroso beneficio de tu amor por nosotros!
¡Qué incomparable ternura y caridad!

¡Qué noche tan dichosa!
Sólo ella conoció el momento
en que Cristo resucitó de entre los muertos.

Ésta es la noche
de la que estaba escrito:
«Será la noche clara como el día,
la noche iluminada por mi gozo.»

Y así, esta noche santa
ahuyenta los pecados,
lava las culpas,
devuelve la inocencia a los caídos,
la alegría a los tristes,
expulsa el odio,
trae la concordia,
doblega a los poderosos.

¡Que noche tan dichosa
en que se une el cielo con la tierra,
lo humano y lo divino!”

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