Las cosas y los acontecimientos de la vida nunca han sucedido, ni suceden por casualidad, sino por “causalidad”…y en política también. Las condiciones para que algo aflore no se fraguan de un día para otro sino que vienen gestándose de una manera tan silenciosa como imparable…aunque en el caso que sustenta este artículo lo hayan sido en muy poco tiempo…por mor de conjunciones y no planetarias precisamente…sino gramaticales.

Cuando unos políticos que han resultado elegidos para representarnos, acaban haciendo de aquello que debería ser una vocación de servicio…un medio de vida o una profesión muy bien pagada, llena de privilegios…blindándose de alguna manera incluso ante la justicia ordinaria, ¿qué es el aforamiento si no?…

Cuando las grandes empresas siguen exhibiendo enormes beneficios a costa de racanear en sueldos y en mano de obra y los bancos hacen lo propio después de haber recibido cantidades ingentes de dinero público.

Cuando la corrupción económica ha galopado de manera infame por la plaza pública…no es de extrañar que poco a poco el alejamiento y la falta de credibilidad hayan tomado cuerpo en la ciudadanía. Y si además buena parte de esa ciudadanía se encuentra económicamente hundida…el anhelo de encontrar unos “salvadores sociales” está más que servido.

Cuando formaciones populistas logran en poco tiempo una expectativa de voto tan prometedora, sobre todo entre los más jóvenes, la causa habrá que buscarla necesariamente en las incapacidades y anacronismos de los planteamientos políticos actuales, en el estancamiento ideológico de los partidos tradicionales. Si a esto añadimos la falta de líderes e intelectuales que sepan cómo sacarnos de este laberinto, el desencanto y falta de esperanza en las propuestas no ha sido más que cuestión de…un tiempo que parece haber llegado.

Muchos han pensado que probar fortuna votando a otros que dicen no alinearse con “la casta” puede ser una solución a este atasco monumental económico y social… aunque lo hagan sin saber a fondo su ideario y sea más bien como rabieta, castigo o revancha…que otra cosa. La aportación de los populismos a este estancamiento no es sino la de pretender desactivar un evidente pasotismo en el terreno de juego de un sistema donde los partidos políticos parece estar cómodos.

Pero aunque la “enfermedad” haya sido diagnosticada (denunciada públicamente)…hace falta ahora aplicar la “medicina” correcta. Y los dirigentes populistas deberían tener muy claro la que pretenden recetar y no parece acertado aplicar el mismo “tratamiento” que a la sociedad de hace siquiera cincuenta años.

La sociedad actual está en crisis, pero es una sociedad mucho más evolucionada y compleja que ya ha conocido en buena parte el bienestar y desea recuperar por tanto cosas no tan básicas, aunque ahora en muchos casos carezca de ellas. Por eso, en su planteamiento creo que los populistas, si quieren ser un avance para la democracia han de contemplar de una manera prioritaria la creación de riqueza y no la del rencor y odio. Sabemos que en la adversidad, la solidaridad es una moneda de gran valor…pero hay que incentivar el esfuerzo personal y las capacidades, eso sí, al servicio del bien común.

“Todos iguales, pero por abajo”, no parece ser una solución acertada para salir de esta crisis, y el “yo no subiré, pero tú vas a caer”, tampoco. Nuestra sociedad europea no está configurada ni merece retroceder a ello. Nada pues, debería llevar a engaño al hombre actual, a quien parece saber el porqué de todo lo que ocurre dentro y fuera de nuestro planeta. ¿Volver a las alpargatas? No gracias, la sociedad no está por esas bromas.

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