Salones Epilogo

Entrevistamos al Viñador de Honor del 2013

Habíamos quedado con Pedro Martínez, el Viñador de Honor de este año, en Lauticia —¿dónde si no?— a la una. Queremos saber quién es, nos pica la curiosidad. La tormenta de los días anteriores nos dejó sin internet, Jesús acude al bar tras hacer gestiones con nuestro proveedor. Servidor se queda en el homenaje a los ausentes. Un boxeador y bombero que me recuerda a Paulino Uzcudun, aquel que a pesar de perder contra Primo Carnera, disputando el campeonato del mundo del 33 en Roma, fue aplaudido por los italianos, que abuchearon al suyo por bocas. También a un ingeniero llamado Indortes, como el caudillo íbero y Franco, como el santo italiano.

Acaba el acto y corro a la famosa taberna. Allí están esperándome, Azucena, Pedro y Jesús. Estamos de estreno, nuestra necesitada grabadora comprada en una web china. Pedimos, nos salimos a la calle y charlamos. Pedro cercano, sonriente y mirando a la cara. Habla de sí mismo como si nada, sin darle importancia y mirando de frente, con ojos de quien no tiene nada que ocultar.

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Pero los dioses de la tecnología china no nos son propicios esa mañana. Cuando llegamos a la redacción descubrimos la tragedia: no hemos grabado nada. Vamos a ver por qué vericuetos nos lleva nuestra memoria después de una semana casi de la entrevista.

Pedro vivió en la calle Cabo Noval, su padre era agricultor, a los quince años aprueba una oposición y entra a trabajar en el Banco de Gredos, previo paso por la academia de don Luis Ortiz en la calle del Campo. Actualmente es consejero delegado de Geoban, que gestiona las operaciones internacionales del Banco Santander. Tiene 7.000 personas a su cargo. Ha hecho dos carreras o tres, un máster y es profesor en varios centros de enseñanza y universidades. Nos lo cuenta sin engolar en alma, como si fuese algo corriente.

Le inquirimos que muchos de los que entraron cuando él se conformarían con ser simples administrativos. Pedro nos explica que siempre ha sentido curiosidad y le ha atraído el conocimiento, «Para hacer mejor las cosas hay que saber cómo se hacen». Además, uno no puede sentirse como un “colocado” y conformarse con el puesto de trabajo que tiene. Todo puede cambiar de la noche a la mañana y perderlo todo. Hay que evolucionar.

Pedro Martínez asegura que el esfuerzo siempre tiene recompensa, tarde más o menos, siempre llega.

Le preguntamos sobre el galardón recibido hace escasos días el de Viñador de Honor del 2013. Nos cuenta que se siente muy orgulloso de haberlo recibido, él tiene siempre presente Tomelloso allí donde está. No olvida, ni mucho menos sus orígenes del barrio de San Antonio, ni que procede de una familia humilde. Nombra a don Casildo, el eterno maestro, a D. Jesús Bernardino, o a don Luis Ortiz. Tiene agradecimientos para todo el mundo, no se guarda nada para él.

Nuestro protagonista regresa con frecuencia a nuestra ciudad. Vuelve a su barrio de siempre y se junta con sus amigos de siempre. Por un momento nos recuerda a Salvatore —Totó— de Cinema Paradiso. Muchos de sus amigos, nos cuenta, se han sorprendido de su currículum, de tantas cosas como dijeron que era en la entrega de los Viñadores 2013. ¿Cómo va a perder el poco tiempo que tiene para estar con ellos en hablar de sí mismo?

Pedro Martínez aboga por tener una actitud positiva ante la vida. Vencer las dificultades y tirar para adelante. Desde su privilegiada atalaya observa que la situación va mejorando y que nos vamos a recuperar —no como antes de la crisis, puntualiza—. Pedro cree que los datos macroeconómicos se notaran en la microeconomía a partir del 2015, o quizás antes.

Anima a Tomelloso a que vendamos nuestros vinos, “nuestra seña de identidad”. Hay que salir fuera de España y defenderlos, exportar, buscar otros mercados. Hay que vender y saber vender bien los productos y vinos de Tomelloso, insiste.

Azucena, su mujer, nos cuenta que siempre ha tenido un rato, llegase a la hora que llegase a casa para dedicar un momento a sus hijas antes de que estas se durmiesen, explicándoles las lecciones del cole o contándoles como le había ido el día.

Pedro y Azucena se quedan en Lauticia, en el bar de otro de los Viñadores del 2013, Felipe Ramírez. Nos vamos con un buen sabor de boca, orgullosos de tener una ciudad como la nuestra, que da personajes importantes, que a pesar de estar en la cima de sus profesiones, son personas. Humildes y desconocidas para sus paisanos, lo que las hace aún más grandes.

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