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Decía Goethe que “los cobardes solo amenazan cuando se creen a salvo”. Miedoso y cobarde son dos conceptos parecidos pero no iguales. Tener miedo es condición muy humana. Cada cual se tiene muchísimo aprecio como no puede ser de otra manera, entre otras cosas porque es lo único que poseemos para el resto de la vida de manera cierta y ya sabemos que dónde está el cuerpo está el peligro. El miedo siempre nos invade cuando existe el riesgo de perder algo valioso, desde un objeto hasta la vida. El miedo hace referencia a nuestra actitud hacia las cosas o hacia las circunstancias. El valiente sin embargo, es aquel que menosprecia de manera más o menos consciente el riesgo para afrontar una situación incierta.

El cobarde es otra cosa, responde a otro tipo de persona. El cobarde es un miedoso que no quiere parecerlo, hace trampa porque su valentía aparece cuando se sabe a salvo del riesgo. El cobarde es un miedoso que quiere aparecer ante los demás como un valiente. Cobardes hay de muchos tipos, los que actúan a la sombra de otros, los que operan a traición o cuando nadie los ve; son aquellos que se parapetan tras el burladero de la vida, los que sacan la barriga cuando los pitones ya han pasado. Pero de todos ellos los más indeseables que son los que se amparan en el anonimato.

Tanta disquisición sobre estos conceptos viene a cuento por al auge que están tomando estos” falsos valientes” en los foros y blogs de las páginas de internet. Me pregunto con frecuencia, si todos los internautas que se pasan el día pillados en internet, lo dejasen y salieran a la calle…no cabríamos en ellas. No hay más que darse una vuelta por las páginas de los periódicos digitales y blogs para hacerse una idea de los miles y miles de foreros que se pasan el día dándole a la tecla, opinando sobre lo divino y lo humano desde el anonimato que permite este medio de comunicación. Y es ahí donde cobra sentido eso del cobarde anónimo. Un anonimato que es utilizado por muchas personas para arremeter de manera visceral y grosera contra todo lo que se mueve, hacia un lado o hacia otro, sobre todo contra todo lo público.

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Existen páginas y periódicos digitales que advierten sobre la moderación de las opiniones para ser publicadas, contienen una censura previa, no de opinión sino de expresión, pero en muchos otros no existe tal filtro y se pueden leer verdaderas barbaridades que responden no solamente a personas para nada democráticas sino a los vómitos de unos energúmenos. Esta cobardía que viene dada por el anonimato es la que define la catadura de quienes vierten frases y sobre todo deseos merecedores de un trullo. Y uno se pregunta cómo en una sociedad democrática pueden darse con tanta frecuencia exabruptos viscerales amparados en la cobardía del anonimato. Da miedo ver lo que algunos pueden llegar a ser cuando nadie los identifica.

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