Cuando la piel se estire y la muerte
envuelva de sombras mis recuerdos,
cuando el momento exija su certeza,
tan solo pido que, el tiempo se detenga
para colocar los espejos en las paredes.

Quizá, en mi temprana mañana,
vea de nuevo los cisnes en el lago,
jugando con la grafía de su cintura,
quizá los mares se encuentren
y los cielos se abran para esposar
el alma en el tránsito de la obviedad.

Veré de nuevo las alamedas otoñales
creciendo en las riberas de los arroyos,
veré los querubines instaurando el amor
en la anarquía de sus frívolos deseos.

Y el beso, recorrerá la amplitud del espejo,
como la sombra de una noche moribunda
que tan solo desea morir en la penumbra
mecida en la turbada nostalgia del anhelo.

Bastará saberte cerca para husmear las sombras,
desnudar las noches y abandonar las estrellas
en el trance de los desvelos y las pesadillas.

Quizás mis sórdidos pensamientos no vuelvan,
acaso, ante la levedad de los instantes, desprecien
y sostengan el firmamento bajo la fosca noche,
y el trágico murmullo de la inconclusa mañana,
sentencie que la emoción ya no es para el hombre.

El dolor también germina en los instantes,
en la eclosión de la pasión y los sueños distantes;
yo sé de él, apenas carcome la espina en mi pecho
que el recuerdo ya camufla las heridas de mi muerte.

Bastará saberte cerca para husmear las sombras,
desnudar las noches y abandonar las estrellas
en el trance de los desvelos y las pesadillas.

Entonces, recordaré las emociones que me produjo
el momento triste donde la eternidad fue solo silencio,
recordaré a mi madre, hilvanado mi intelecto
y gobernando cautelosamente mis vicios infernales,
recordaré los versos que se escaparon del afecto,
y en ese mismo momento, romperé todos los espejos,
para que la muerte se lleve mi vida entre el recuerdo.

He aprendido que, nada subsiste en el reflejo del espejo,
tan solo la oscura muerte y el eterno sentimiento.

He meditado por los contornos de la calma
con la vigilia transpuesta en los empeños,
más allá de los confinados pensamientos
que la sabiduría protege en sus adentros.

Hace un tiempo abrigaba la esperanza, atravesando
los reinos celestiales y cautivos del intelecto;
la lluvia inundando el azote de la aridez profana
y los desiertos sembrados de arenisca refinada.

Yo no sé si esta devoción mía de atemperar
los azotes tormentosos, espesarán las sombras
en las noches, aquellas madrugadas donde nos amamos
con el silencio disipado en la mirada y el deseo desprendido
en las escabrosas confidencias de nuestros secretos.

El caso es que germina del limo la esencia de nuestros besos,
como el brotar de una flor lóbrega que, protege los recuerdos entre espinas,
adheridas al mismo cielo que expulsa soles y tormentas consentidas.

En un mundo tras otro, los últimos desvelos florecen alboradas,
y aunque no hemos descubierto el motivo que nos lleva a amarnos,
presiento que mi mazmorra guarda la humedad de tus lágrimas.

¿Qué importa esta tristeza que avanza tragándose nuestro silencio?

Cuando la piel se estire y la muerte
envuelva de sombras mis recuerdos,
cuando el momento exija su certeza,
tan solo pido que, el tiempo se detenga
para poder amarte dentro de los espejos.

espejos

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