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De entrada esta palabra nos resulta cuando menos extraña y polisémica.

Por rogativas entendemos las oraciones que la liturgia de la Iglesia Católica prescribe para  los tres días anteriores a la fiesta de la Ascensión del Señor; pero también hace referencia a las costumbres que hace años existían en muchos pueblos de Europa. Consistían o consisten, por lo general, en una procesión con el santo patrono o patrona del pueblo, seguida de la celebración de la eucaristía en las que se rezaba y se cantaban plegarias, implorando la lluvia necesaria para los campos y sus habitantes en tiempos de sequía persistente.

Estas costumbres iban refrendadas por la fe de los creyentes plasmada en su convicción del poder de la oración a Dios del que proceden todos los bienes. Desde luego en ningún momento las personas que participaban en las rogativas, pensaban en ningún poder mágico, ni que sus oraciones fueran  requerimientos a las de espíritus esotéricos.

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Si hoy propusiéramos a las gentes de nuestros pueblos hacer rogativas, para solucionar el problema de la sequía, difícilmente podríamos reunir un puñado de devotos, incluso éstos con ánimo incierto de conseguir lo que implorasen.

Esta costumbre aparece como pasada de moda y no limpia de alguna superstición.

Que tenemos un problema de sequía en nuestras tierras es claro. Las causas son múltiples y difícilmente determinables. Los intentos de solución son variados y promovidos por los técnicos y entendidos en asuntos agrícolas. Los resultados demasiado escasos.

Las cabezas pensantes nos hablan de cambio climático, de contaminación, del deterioro de la capa de ozono, de la destrucción masiva de bosques y explotación de bienes naturales como causas inmediatas de ciertos fenómenos destructivos de la Madre Tierra, poniendo como mano responsable de tanta destrucción la del animal humano.

Y no estoy de acuerdo en lo último, en que el responsable sea el ser humano. Que cada uno debamos cargar con una cierta culpa por no tratar como se debe a la naturaleza, bien.

Pero donde hay que apuntar y lo sabemos todos, es al egoísmo asesino de lo que llamamos Primer mundo, de sus grandes empresas, de su política de explotación, de su promoción de guerras en el Tercer o Cuarto mundos, al menosprecio de los campesinos aldeanos de África o América a los que los potentados roban y  asesinan con total frialdad a través de sus sicarios. No podemos olvidar a los hombres, mujeres y NIÑOS esclavizados en las minas de diamantes y de coltán.

Donde habría que pararse es ante el fenómeno de la Edad Media, que ahora en el siglo XXI utiliza la religión, en este caso el Islam, para continuar con el negocio de las armas. Donde gente inculta, sacada de barrios de miseria atemorizada y engañada es capaz de matar y morir matando por unos ideales imbuidos de modo engañoso por otros dirigentes, bien acomodados  en sus paraísos, mientras disfrutan de  placeres sin medida,  comprados con las vidas de miles de inocentes a los que les prometen en el cielo lo que a ellos les deleita noche y día en sus mansiones.

Éste sí es el gran problema. El afán desmedido, el ansia de bienestar y derroche de los países mal llamados desarrollados por sus posesiones crematísticas. Cuando en realidad un país desarrollado o una persona perfeccionada no es porque disponga de grandes cantidades de dinero, de incontables posesiones o pueda disfrutar del refinamiento de placeres, sino porque sus cualidades y sus valores están desplegados y promocionados para el servicio del resto de la sociedad. Cuando la persona es más persona. Cuando la mujer y el hombre promueven sus vidas en compañía de otros hombres y mujeres.

Mala orientación puede tener un país, que en su jerarquía de valores el dinero es anterior a las personas y sus situaciones.

Para este problema no valen rogativas de lluvia. La sequía será  un aviso importante y urgente que da la naturaleza. La solución al gran problema de la Madre Tierra la tenemos tú, yo y otras miles de personas, con acciones y actitudes sencillas e invisibles en apariencia, pero capaces de cambiar revolucionando el devenir de la destrucción.

Y mientras tanto, en nuestra sociedad,  lamentos por los pantanos secos; algunos anuncios por parte de los informadores de la climatología de “empeoramiento del tiempo” (porque va a llover y nevar) en el norte y la última ocurrencia de los independentistas catalanes flotando en el ambiente.

Podemos ser como granos de arena en el desierto, unidos forman montañas infranqueables. Átomos en la materia, juntos adornan el firmamento de estrellas y de vida.

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

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