“La Reina Maga del Temprano Ombligo”, XIX Premio de Poesía Eladio Cabañero


la reina maga

EL OMBLIGO

Y fuimos llegando poco a poco los cinco.
Uno detrás de otro, como llegan los días, los meses y los años.
Cuando llegó el primero, mi madre era un ombligo
de sólo quince años,
que ayer apenas recortaba recortables
y a Mariquita Pérez o a Rapaziña
les cambiaba vestidos y zapatos,
mi madre ombligo.
Como la vulva que inflamó el jabón de lagarto,
mi madre ombligo,
un ombligo agujero
un ombligo cromático
un ombligo arco iris
algún mágico túnel
donde el tronco de la vida ramifica sus brazos
agarrándose a estrellas, lunas llenas,
a pimentón de soles
la vagina era signo de prohibido pecado.
Con sólo quince años,
una niña pariendo
a un muñeco de piel
y llanto humano,
no atravesó el ombligo,
como pensaba ella,
pero cruzó lagunas uterinas,
paredes de mucosas inflamadas
cordilleras de madre sangre miel de abeja
y una vagina bella, adolescente,
castaños los ojos,
inocencia en los labios,
oídos conquistados por la labia
del que miente,
que sabe más que los ratones colorados,
que un “no” no vale por respuesta,
que siempre es “sí”,
y así fuimos llegando,
desde el uno hasta el cinco
los muñecos humanos
de un temprano ombligo.
El internado de sopa de tocino
se convirtió en un internado transparente,
donde el ombligo no puede rebelarse ante un bigote.
ADIVINANZA
Cuando hablé de los árboles,
mencioné el nombre de mi madre.
Ese espacio que queda entre ramas,
y permite vislumbrar el infinito.

Pero, espera,
no tengas prisa,
adivina su nombre en las palabras.

Adivina su nombre y escribe cada sílaba
en tu espalda,
adivina su nombre y deja que resuenen
sus vocales abiertas en tu oído,
lo habrás dicho tantas veces
y tantas, tantas otras
también lo habrás perdido
en las miserias que te has ido encontrando
y en los corazones amados
que se fueron temprano
y murieron temprano
y temprano cayeron.
Adivina su nombre
y aplícalo a tu vida
como el diafragma
se aplica,
cada vez que respiras,
adivínalo ahora y verás
que, aunque a veces,
sientas que eres un trozo,
un pedazo de algo,
recompondrás tus ruinas,
tus ruinas de molécula
de átomo perdido.

Adivina su nombre,
haz un puzzle distinto,
cuando truene en tu calle
cuando llores en sueños
cuando sientas espadas
que ponen en peligro a tu rutina,
adivina su nombre cuando el cielo está negro
o te llueve una muerte inesperada
adivina su nombre
si amenaza el invierno
con nevar a diario
y congelar los días del verano.

Adivina su nombre
y lloverá en tu estepa
de llanura climática,
adivínalo ahora
y aplícalo a tu vida,
aplícalo a tus pasos de hormigón
o de asfalto
aplícalo a las calles que abrazas
cada día,
aplícalo a las heces que deja el desengaño
y a los rojos rasguños
de afeitar
con cuchilla
tu pasado.
Esperar esperanza,
conocer a Esperanza,
conocer la esperanza
que te ofrece
ese espacio
entre las ramas
de los árboles,
precioso e infinito.

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