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A pesar de que al finalizar el concierto, el director de la O.S. Verum, Miguel Romea, excusase la propina señalando que tras la última nota de la Sinfonía Júpiter, sería poco menos que una blasfemia interpretar otra pieza, a nosotros, meros cronistas y pobres aficionados nos cautivó (y de qué manera) la Serenata de Cuerdas en do Mayor de Tchaikovsky. Por encima del resto de los números del programa, que fue magnífico en su conjunto.

Pero empecemos por el principio y compongamos la crónica siguiendo un orden lógico. Este sábado, sin tanto público como cabría esperar, la Orquesta Sinfónica Verum interpretó en el Teatro Municipal de Tomelloso el concierto titulado “Iluminaciones de Don Quijote”. En Tomelloso (nunca por repetido es menos cierto) tenemos la suerte de poder disfrutar de una de las orquestas sinfónicas más importantes de la región. El lujo, dicen otros. Dirigida por Miguel Romea y gracias al empeño de la familia López Montero, propietaria de Bodegas Verum, en nuestra ciudad, cada tanto, podemos emocionarnos con la más etérea de las artes, la música. Es por ello que nos causa desazón no ver todas las localidades del Teatro ocupadas.

La primera de las piezas interpretadas fue Don Chisciotte alle nozze di Gamaccio (Don Quijote en la Bodas de Camacho) de Saverio Mercadante. Con alegría y desenfado la Orquesta Sinfónica Verum nos metía en el mundo del Quijote, gracias a esta parte sinfónica de la ópera bufa que estrenó el italiano en Cádiz, en 1830.

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Y con la primera frase de la Serenata para Cuerdas de Tchaikovsky la O.S. Verum nos cautivó. Romea conducía a sus músicos de cuerda con la sensibilidad necesaria para emocionar al respetable. La Serenata, fundamental para el romanticismo, mostró —gracias a la soberbia interpretación de Verum—a los que tuvimos la gran suerte de estar este sábado en el Teatro de Tomelloso toda la fuerza expresiva y la musicalidad de P.I. Tchaikovsky. Ocurre con la música del ruso que parece que nos llega (como ocurre con Mozart o con la prosa de Galdós) sin esfuerzos, como si al compositor le saliesen las notas solas. Pero ¡quiá!, nada más lejos de la realidad.  La melancólica belleza de la melodía de la Serenata para Cuerdas nos conmovió, y como.

La segunda parte estuvo dedicada íntegramente a la Sinfonía número 41 de Mozart. Soberbiamente interpretada por la Verum, la Júpiter no hizo en nuestro ánimo tantos estragos como la pieza precendente. Por supuesto, Mozart es Mozart y tanto Romea como sus músicos hicieron una brillante versión de la última sinfonía del genio de Salzburgo. Pero ya llevábamos inoculada la dulce melancolía de la Serenata de Tchaikovsky.

El público premió a la Orquesta Sinfónica Verum con una merecidísima gran ovación.

Miguel Romea anunció que el próximo 17 de octubre la Orquesta Sinfónica Verum llevará al Auditorio Nacional el concierto “Del amor y la muerte”. De la mano del propio Romea, junto al barítono Jaime Esteban, interpretará Don Chisciotte alla nozze di Gamaccio, de Mercadante; Preludio y muerte de amor de Tristán e Isolda, de Wagner; Don Quixote’s Last Will, Despair, and Death, de Kienzl; y la Sinfonía Fantástica, de Berlioz.

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