«La noche de Europa», la realidad obliga a dejar la poesía

Dionisio Cañas con su poemario «La noche de Europa» recala en los días más oscuros del Viejo Continente. A sus costas llegan refugiados. No son buenos tiempos para la lírica


Pepa Echarri publica en Cultural de ABC una reseña sobre el último libro de Dionisio Cañas, «La noche de Europa» que por su interés reproducimos íntegramente.

Un viernes por la tarde en una de las salas de la sentenciada Casa del Lector de Madrid apenas queda alguna silla vacía. Las personas que van a intervenir se acomodan: el editor, el encargado de analizar la nueva obra, el amigo del autor y Dionisio Cañas reencarnado en una mujer que sonriente responde a las alusiones de la mesa mientras el público no abandona una media sonrisa, disimulando la sorpresa, ansioso por contemplar el desenlace.

Pasan los minutos, y el poeta amigo, Amador Palacios, sigue deshilando el contenido del que ya se ha anunciado como «el último libro de poesía de Cañas». El autor, con rostro de mujer, asiente cuando le recuerdan anécdotas de Nueva York, al referirse a las acciones sociales que está emprendiendo desde que regresó a Tomelloso, su lugar de origen.

Risas nerviosas, nadie se mueve, expectantes. Parece que los asistentes están convencidos de que el protagonista ausente físicamente es capaz de todo. La curiosidad y ganas de sorpresa se apoderan del ambiente en el que algunos están tomando notas de las referencias de Palacios, y otros escudriñan el espacio para descubrir el escondite de Cañas. Terminan las intervenciones y a la vez que empieza a sonar uno de los temas de «Las puertas de la noche», el «collage» de voces y sonidos que acompaña al último libro de poesía de Dionisio Cañas, un hombre con una careta blanca se planta delante de la pantalla en la que empieza a proyectarse el documental«I am you/Soy tú» (www.accionrefugioados.es) del que Cañas es coautor.

Brazos en cruz

Pasa el tiempo y la figura con los brazos alzados en cruz permanece impertérrita ante un público que algo más sosegado, al reconocer la figura de Cañas, mantiene la curiosidad por la consumación del momento. Mezcla de temas reconocibles con sonidos que obligan a agudizar el oído mientras las imágenes del documental elaborado en enero de 2016 en la isla de Lesbos transcurren sobre el cuerpo del poeta. Con la conclusión de la música Cañas da por terminado la interpretación de la que suplantó su identidad durante media hora y mientras se quita la careta, mostrando sus labios pintados de rojo, se sienta en la convencional mesa de presentaciones de libros y dice: «Bueno, parece que me toca. Tendré que leer un poema».

«En Europa empieza el día, empieza el día, empieza el día…__________ empieza el día para los yonquis_________ y en los campos de mi pueblo_________ se despierta un labrador. (…)».

Cañas ha pasado varios años escribiendo «La noche de Europa». Tenía claro que la conversación imaginaria con María Zambrano era el eje central. «La realidad es demasiado pobre_______para contener los sueños (…) ______ somos los dóciles consumidores_________de nuestra desaparición», escribe Cañas.

Por eso se llevó «La agonía de Europa» a la isla de Lesbos, y cada noche, repasando las imágenes de los refugiados con los que había compartido el taller «El Gran Poema de Nadie», rememorando las carreteras y acantilados de la bella isla griega, Cañas releía a Zambrano para ultimar el libro con el que asegura que se despide de la poesía («Maldita sea, la poesía me ha hecho un desgraciado»). Las imágenes y fotografías que llegaban a Cañas a finales de 2015 le obligaron a reaccionar. «¿Puede la poesía cambiar el mundo? La respuesta es NO. Pero, ¿puede el mundo cambiar la poesía? La respuesta es definitivamente, SÍ». Resolvió la logística tomando algunas decisiones rápidas y acudió a Lesbos para comprobar que los relatos que transmitían los medios de comunicación, las historias directas que aparecían en las redes sociales, tenían la intensidad con la que le llegaban a él.

El bien y el mal

Así fue como el viaje marcó las reflexiones más amargas de «La noche de Europa». Porque cuando contemplas cómo una lancha a punto de ceder al peso y que se llena de agua llega a la costa europea, y personas mareadas, mojadas y temblorosas aceptan las indicaciones de los que les ayudan a bajar de forma ordenada, para que todo el mundo toque tierra firme con seguridad… y esa imagen se repite varias veces a lo largo de apenas una hora, entras en la amarga realidad. «Es lo humano que se marchita entre las manos de los humanos», escribe Cañas.

En «Cuaderno de Lesbos» apunta impresiones, relata las acciones del día y los impactos que está produciendo el viaje en él, se deja arrastrar por la realidad. «El verdadero “gran poema de nadie” está siendo todo este viaje», reconoce a los pocos días de pisar la isla griega. Porque el poeta acude a Lesbos para trabajar con los refugiados sirios un poema sin haber pensado antes que en la basura no encontrará palabras árabes sino griegas, y que las circunstancias mediáticas y las dificultades provocadas a veces por las propias grandes organizaciones no gubernamentales harán que el acceso a los protagonistas sea muy complicado. «El bien y el mal se trenzan en el aire de Lesbos, red en la que lo mejor y lo peor del ser humano se mezclan en una bruma de fronteras trazadas con tiza y sangre, con tristeza y alegría», explica Cañas.

Y así, observando y haciéndose preguntas es como el autor llega a la conclusión de que las personas que están llegando a Europa en un viaje desesperado e inhumano, son como nosotros, que podríamos ser ellos.

 

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