La felicidad profunda se da en el encuentro personal

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Salones Epilogo

Estamos en la era de la biogenética. Todo lo que somos, hacemos y pensamos no parece responder sino a unas realidades que son consecuencia de diferentes composiciones de elementos químicos orgánicos e inorgánicos y que tienen su explicación dentro del campo de la ingeniería genética.

La verdad es que vivimos en una época en donde la poesía como forma y manera de explicar la existencia parece haberse evaporado. Hoy todo perece ser evaluable, cuantificable, previsible, cuan hijos clónicos de segregaciones hormonales y de los genes. Pareciera ser que la verdadera sorpresa, esa que no es para nada previsible, no tuviera ya ni una sola posibilidad, ni la más mínima cabida en nuestras vidas. Que la libertad a la hora de esperar y decidir, fuera en realidad una mera ilusión, algo inexistente. Que en última instancia, todos fuéramos como objetos que están fabricados en una cadena de montaje vital para ser utilizados de una manera predeterminada y unívoca.

En un programa radiofónico, la periodista preguntaba a un psiquiatra español residente en el extranjero, que explicara en qué consistía la felicidad. Este profesional que es una eminencia en el campo del comportamiento humano, con un puesto de muchísima responsabilidad en el Ayuntamiento de Nueva York, la definió como ese estado de ánimo en el que se da la paz interior, la satisfacción y la alegría al haber alcanzado algún propósito o alguna meta. La felicidad como consecuencia de un logro personal…como el culmen de un itinerario perseguido, trabajado y merecido.

Vinicola Inline

La entrevista, extensa, sumamente interesante y pedagógica, iba mereciendo mi atención mientras conducía en la noche. Sus plásticas explicaciones eran fiel reflejo de las experiencias vividas por cualquier persona. Sin embargo la perspectiva con la que enfocó su exposición, luego de reflexionar sobre ella, me pareció fenomenológicamente impecable, sicológicamente perfecta…pero se trató de una entrevista en la que no tuvo cabida en ningún momento la felicidad como esa chispa que lejos de estar provocada por una sensación de placer a nivel individual,  salta como resultado de una relación mantenida con otro… ser humano.

Creo que la verdadera felicidad, esa que hace explotar el corazón y provoca un escalofrío en los sentidos…no proviene como consecuencia de la conquista de una cosa, del logro de algo difícil, incluso del deber cumplido o del acierto y reconocimiento por parte de los demás de lo que uno es o ha realizado. Ese hecho puede calificarse como inductor a la satisfacción, serenidad y alegría que es justo el estadio al que se refería el sicólogo en cuestión.

La profunda felicidad creo que es precisamente fruto y consecuencia de un imprevisto, de un regalo, de un encuentro…no con algo, sino con alguien. La felicidad como una criatura que nace dentro del ser, pero que lo trasciende y modifica. La felicidad no es solamente un placentero, estático y puntual estado de ánimo que acaba en sí mismo, sino una experiencia creativa, fructífera y dinámica que no se detiene ya nunca y es origen a su vez de otras más profundas. La felicidad como punto de partida hacia un estilo de vida basado en el enfoque permanente del encuentro personal en la existencia. La mayor felicidad se alcanza cuando hacemos de la vida una continua entrega a los demás sin percatarnos de ello. La felicidad más profunda radica en la creación, en el parto de alguna criatura, de una idea, de una obra, o de una relación amorosa, de cualquier hecho que aporte vida, siempre fuera de nosotros mismos.

La felicidad basada en la pertenencia de cosas, en deseos cumplidos, en metas alcanzadas…es algo gratificante, a veces sumamente gratificante y realizadora para lograr cierta madurez y equilibrio personal, pero siempre fundamentada en una actitud de donación y humildad… que de lo contrario sólo sirve para la vanagloria de uno mismo. La felicidad personal, esa que nace del encuentro y experiencia con otras personas…no es ni más difícil ni más fácil de encontrar. Solamente hace falta para descubrirla estar abierto y receptivo a los demás. Y esa actitud…poco tiene que ver con lo hormonal, sino que tiene que ver y mucho con la necesidad y el deseo de compartir todo lo que somos, todo lo que es nuestra identidad personal.

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

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