La carta del adiós


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Miento si les digo que esto comenzó un 28 de enero de 2014 (fecha en la que vio la luz la primera de las Cartas Imposibles, escrita a la atención del, por aquel entonces, Alcalde del municipio, Don Carlos Manuel Cotillas López).

El proyecto que hoy (31 de octubre de 2016, festividad de San Quintín, patrón de los cerrajeros [azares de la vida, quizá no mera casualidad]) concluye, durmió unos meses hasta que, finalmente propuesto a la dirección de enTomelloso.com, recibió un (rápido) beneplácito que  ha mantenido (junto con un apoyo incondicional, las más de las veces arriesgado) a lo largo de toda su existencia.

Durante estos dos años y nueve meses, con precisión más propia de la mecánica de la relojería suiza, en la mañana de los lunes, aparecía una carta destinada a personajes de nuestra localidad (o íntimamente ligados a ella) o, con mayor o menor acierto, una colaboración centrada en analizar la actualidad o algún hecho reseñable del presente o pasado (que, en el fondo, es hablar del futuro) de Tomelloso.

Cuando estas Cartas Imposibles tomaron forma en la mente de quien las escribe, no se esperaba cubrir un espectro tan amplio de asuntos pero, con la dedicación, el perímetro se fue desbordando hasta llegar a extremos y alcances de todo punto insospechados (estas misivas han sido escritas por las termitas del Ayuntamiento, por un zombi, por una pancarta o hasta por una calle, por citar ejemplos ya característicos y, como les digo, se vieron obligadas, en ocasiones, a lidiar astados que no hubieran barrutado).

No habré de negar que, en este periplo, y una vez publicadas (con la que leen) un total de 146 misivas [145 en el portal y otra, destinada a la Secretaria del Ayuntamiento por mor de la denegación de una subvención al equipo local de Balonmano *que finalmente obtuvo*, en la red social Twitter]), hubo momentos en los que, por circunstancias de lo más variopinto, quien les habla anduvo muy cerca de poner pie a tierra (se amenazó con el emprendimiento de acciones judiciales en contra mía, se sugirió el seguimiento o la investigación, se recibieron insultos [que retrataban más al emisor que a este humilde destinatario], se me intentó etiquetar [desde un punto de vista político] y, sobre todo, se pretendió influir [sin éxito, obviamente] en la objetividad y la imparcialidad [invitándoseme a permanecer callado o a desvelar mi identidad, como si ambas coyunturas fueran a facilitar en algo el debate]).

Pero todos esos momentos, algunos duros y otros ciertamente cómicos (por lo que de surrealista comportaban), no impidieron que, movido por el deseo de reconocer a esos “héroes caídos” que merecían un aplauso, un aliento, quizá solo unas palabras de apoyo (sinceras y sin buscar nada a cambio [algo no muy habitual en este tiempos tan complejos y ventajistas que corren *y nos hacen correr*]), continuase en el fragor de lo que algunos (errados) tildaban como batalla.

Es cierto que se han quedado cartas en el tintero (unas ya escritas, otras pensadas y aún no puestas blanco sobre negro). Importa, pero no es crucial. En cualquier caso, y si me permiten la metáfora, ya había cristales rotos antes de llegar y no escuché, en estos años, el característico sonido de quebrarse ningún vidrio (tampoco, afortunadamente, ningún hueso). ¿Será mejor así?

Cuando estas Cartas se comenzaron a publicar tan solo cuatro personas (además de la cúpula de enTomelloso.com) conocían la identidad de El Conductor del Coche Escoba. Todos, en ejecución de un compromiso de valores antediluvianos (nobleza obliga), cumplieron su parte del trato (yo solo supe regalarles mis creaciones… y a fe que ellos cargaron más peso del debido). Saben de mi gratitud, pero ello no obsta para patentizarla una vez más.

No veo razones que alienten a revelar (hoy, antes tampoco) la persona que se esconde tras ese avatar del Conductor del coche escoba. Hubo apuestas y afirmaciones (pues muy bien), cundieron los yerros y las amenazas (perfecto, también), incluso alguno descendió al ruedo de la polémica dialéctica, vía comentarios en la página, reclamando esa caída del velo (y ahí sí que cristalizó el objetivo de las cartas, en el debate sobre el fondo, que no sobre la autoría).

Cuando se analiza el pasado (como ahora) se puede caer en la complacencia y es algo que jamás me perdonaría. Cartas Imposibles fue (ha sido) un proyecto, uno más, que, limitada y humildemente, quiso demostrar que Tomelloso (nuestro pueblo) merece la pena y que solo desde el debate y la reflexión se puede crecer y convivir en una sociedad realmente democrática (he de decir que aún queda mucho camino por recorrer y si alguno de mis párrafos sirvió para avivar esa llama de concordia y análisis ya sería pago más que suficiente).

Este espacio me permitió disfrutar de la amistad (virtual) de algunos afamados twitteros locales (a los que les vuelvo a dejar mi saludo y mi reconocimiento) y de la crítica (feroz y despiadada de otros [igual de lícita]). La sangre, como ya razonábamos en otras misivas, jamás llegó al río.

Me quedo con la satisfacción de que, determinadas reclamaciones, ya vieron la luz (el cruce del cementerio, el Paco Gálvez, la bandera del Juzgado, la eliminación de la distinción al otrora Generalísimo, entre otras). Pervive en mí la ilusión de que las otras (especialmente, las reivindicaciones de índole cultural) sean (más pronto que tarde) escuchadas (alguien, en el futuro, repasará los temas abordados y me alegraría pensar que se encuentre que nuestros cuitas [y cuentas] ya fueron saldadas).

Alguno pensará que me iba a olvidar, pero mi último agradecimiento es para aquéllos que leyeron, comentaron, siguieron, mostraron su posición y, de un modo u otro, se interesaron por esta aventura (la hicieron crecer, la encuadraron y le dieron contexto [y es más de lo que yo les podía reclamar]).

Existen razones que justifican esta decisión pero mis motivos me ocupan (y preocupan), única y exclusivamente, a mí. Y a ustedes ni les incumben, ni tampoco creo que les interesaran (al final, el escritor cuenta con una deuda con sus lectores solo hasta el momento en el que la comunicación fluye [alguien me discutirá que Conan Doyle hubo de resucitar a Sherlock Holmes por imperativo popular, pero yo les señalo que tales actuaciones *por las resurrecciones* solo las confío al Sumo Hacedor]).

Y, al final de cuentas, y como cantaba Sabina, “para decir con Dios a los dos nos sobran los motivos”.

Que la vida les sea larga (y ancha).

Que les amen con rabia.

Que les odien con pasión.

Que puedan decir que vivieron.

Fue un auténtico placer.

Suyo (como siempre). Suyo (y hasta aquí).

El Conductor del coche escoba.

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El conductor de coche escoba

3 Comentarios

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  • Una pena que deje usted esta colaboración.
    Llevamos mal los tomelloseros (los españoles, diría) el debate, la crítica (la constructiva, la otra la lleva mal todo el mundo), el intercambio de ideas de colores diferentes. La neutralidad, la objetividad es compleja, muy difícil, imposible a veces.
    He leído gran parte (no todo) de lo escrito por usted en esta columna y siempre me ha parecido interesante (aunque no siempre he compartido lo que planteaba, o su enfoque particular del asunto planteado).
    En fin, no le voy a pedir que no lo deje (como bien ha dicho, sus motivos le ocupan (y preocupan) única y exclusivamente a usted), pero sí le voy a decir que lo lamento profundamente.
    Necesaria, imprescindible (no solo interesante) creo que es una columna como esta en un medio tan popular como Entomelloso.com y en pueblo (tan particular a veces) como el nuestro.
    Que le vaya bien señor Conductor
    Pedro

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