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No me gustan los misterios. Un misterio es un hecho al que no encontramos explicación. Vivir en la oscuridad del conocimiento produce a todo hombre con necesidad de conocer, exasperación. Desde la noche de los tiempos el hombre ha tragado como inexplicables fenómenos, situaciones que se producían sin necesidad de buscarles un porqué. Tiempos en que los hombres andaban preocupados en menesteres más primarios y básicos para la existencia. Con el desarrollo del intelecto y la curiosidad el hombre empezó a preguntarse el porqué de los hechos y cosas. La verdad es que vivir en los tiempos actuales es una suerte porque en las cavernas del desconocimiento ha entrado mucha luz.  Las ciencias han descubierto el porqué de muchísimos fenómenos, algunos muy tangibles y visibles, otros más complejos, secundarios y menos accesibles para el hombre con conocimientos normales. Hoy casi todo tiene explicación. Al menos todo lo que el hombre tiene ante sus ojos, ante los ojos de la ciencia.

Pero mira tú por dónde, cuando nuestra civilización está a punto de encontrar el porqué de todo lo que sucede en la naturaleza y en él mismo, aparecen los misterios en los hechos que el mismo hombre realiza. Sabemos a que es debido que la manzana caiga del árbol, conocemos que la energía no se crea ni destruye o que la dotación genética de un individuo es irrepetible. Sin embargo nos encontramos todos los días con los cotidianos misterios que algunas conductas humanas producen.

Porque díganme ustedes si no son, digamos que unas incomprensibles incógnitas para el ciudadano de a pié, por ejemplo, el trabajo de muchos de los políticos elegidos, de los senadores por ejemplo, la función de los asesores de algunos políticos, la labor de determinados consejeros, de algunos sindicalistas liberados, o la magia que logran los “listos” para trabajar y cobrar el paro a la vez o que los dineros públicos desaparezcan, por citar los misterios sin resolver más recientes y tantos misterios que nos sacuden a diario y de los que no recibimos ninguna explicación.

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Y es que los humanos somos así, capaces de descubrir el porqué de las mutaciones genéticas pero incapaces de saber porqué suceden ciertas cosas más visibles que son inexplicables y que como todo tienen su porqué. La diferencia está en que los misterios que el hombre descifra hacen a la humanidad más noble y creíble, sin embargo los misterios que algunas conductas humanas producen y ocultan, si no son explicados hacen a la humanidad más descreída y a los que las producen y ocultan más primitivos.

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