Foto: Le baiser de l'hôtel de ville de Robert Doisneau (1950)
Foto: Le baiser de l’hôtel de ville de Robert Doisneau (1950)

Era temprano,
al parecer las cosas
parecían simples,
una ventana abierta
hacia una primavera indisciplinable
y algún que otro silencio
merodeando la sutileza
de nuestras miradas.
Pareciera como si la noche
hubiera guardado sus mejores galas
en la mesita, y ahora,
entre un tango de luces
y un vals de extrañeza,
entendiéramos lo simple del amor
o lo complicado de amarse
en hoteles sin nombre
y habitaciones sin número.
Afuera, nadie sabe de nosotros,
-los gatos ya han arañado la luna-
salvo la conciencia herida
de amar a quemarropa,
como si al parecer,
el olvido fuera tan simple
y las cosas siempre
estuviesen en su sitio,
esperando un lugar
para ser guardadas.

@ Miguel Á. Bernao

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