Hace 10 años, por Manuel Buendía

Me desperté inquieto, como si presintiera algo (esa sensación le he sentido más veces, una especie de dejá vu macabro). No tardé mucho en enterarme, y

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Me desperté inquieto, como si presintiera algo (esa sensación le he sentido más veces, una especie de dejá vu macabro). No tardé mucho en enterarme, y las noticias cada vez eran más desesperadamente graves. En el inconsciente colectivo estaban presentes decenas de dolorosas imágenes que habían copado nuestra memoria durante varias décadas de tal manera, que sin darnos cuenta nos habíamos ido habituado a ello, por lo que el instinto de supervivencia nos hacía casi insensibles al dolor de los familiares cada vez que se producía un atentado.

Habíamos visto algunos atentados terribles, en los que las víctimas no eran agentes del orden, militares o políticos, los cuales aún sin ser culpables de nada, y sin merecerlo, eran para la sociedad las víctimas lógicas de la barbarie por llevar el riesgo implicito en su actividad laboral, atentados como el de Hipercor eliminaron de la mente de la gran mayoría el concepto de lucha de liberación como si un asesinato pudiera tener alguna justificación. Los humanos tenemos unos mecanismos de autodefensa que generalmente funcionan, y que consisten en almacenar los malos recuerdos en archivos muy recónditos, pero algunos de ellos se quedan para siempre muy cerca, cosa que es positiva, porque la memoria es el único elemento que nos puede llevar por el camino del bien, y la ausencia de ésta nos lleva a la barbarie.

Los medios de comunicación empezaron a señalar al único enemigo conocido hasta entonces, y las declaraciones oficiales, con una pretenciosa ambigüedad, apuntaban hacia ellos, de entrada parecía lo lógico. Sin embargo yo intuí que podía venir de otro lado, hacía unos días que me había manifestado contra la guerra -entonces los que nos manifestabamos contra la guerra eramos para el poder los amigos de los terroristas- el poder siempre corrompe todos los conceptos de tal manera que puede convertir a un pacifista en un terrorista violento.

Era el 11 de Marzo de 2004, yo no estaba en mi mejor momento, aunque ya no estaba en el peor, ese día volvieron a mi los fantasmas de otro día 11 -esta vez de Septiembre- de unos tres años atrás. Entonces mi vida y mi salud eran aún peores, y comprendí que algo había cambiado en el orden mundial, entendí que la historia se repite constantemente y sólo cambian los escenarios y los actores.

Por la noche se convocaron concentraciones y manifestaciones en toda España, yo acudí en compañia de unos amigos a la concentración, algunos llevavamos las pegatinas con el mensaje “No a la Guerra”, muchos nos miraron mal, pero esta vez también era el mensaje que había que lanzar. La numerosa concetración fué un clamor en su mensaje: “¡ETA asesina!”, aunque era cierto, nosotros pensábamos que el mensaje no debía ser ese en aquel momento.

En silencio nos marchamos poco a poco a nuestras casas, y en los siguientes días los medios de comunicación lanzaron el mensaje del gobierno: No había dudas, había sido ETA. Estábamos a punto de elegir el nuevo parlamento, y el ejecutivo de entonces intentó silenciar la verdad para poder conseguir la reelección, pero poco a poco se fué filtrando la verdad. El partido del gobierno perdió aquellas elecciones por mentir al pueblo, pero no suele ser habitual que eso ocurra, lo que si es habitual es que los gobiernos mientan al pueblo; aquél gobierno dijo que habíamos entrado en la guerra porque Irak tenía armas de destrucción masiva, luego se comprobó que no era verdad, ese mismo gobierno dijo que el atentado había sido obra de ETA, luego se demostró que habían sido los integristas islámicos, no obstante muchos incautos ciudadanos siguen creyendo a piés juntillas lo que les dicen sus gobiernos. Diez años después han cambiado muchas cosas, pero en realidad nada ha cambiado.

Acerca del autor

Manuel Buendia

Es un reconocido y prolífico pintor. Desde 1978 en que colgó cuadros en su primera exposición, hasta este año que ha participado en el homenaje a Juan Torres Grueso, ha participado en un sinfín de exposiciones, individuales y colectivas.
También es cocinero, ha recibido algunos premios gastronómicos y reseñas en guías de ocio y prensa de Málaga por su labor gastronómica.

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