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Una inmensa cuenta de crédito sin saldar.

Esta es según creo, la primera de las dos causas que han originado la actual crisis. Para los no iniciados, diré que una cuenta de crédito es una cuenta bancaria normal y corriente que admite números rojos. Una cuenta que por lo tanto puede estar en positivo y también en negativo…hasta una determinada cantidad y reflejada en un contrato, por la que se paga unos intereses. Como es natural ese saldo negativo tiene un determinado plazo de duración, tras el cual debe quedar cubierto y la cuenta cancelada.

Pues bien, imaginemos una rueda kilométrica…con millones de eslabones. Un círculo enormemente grande donde un euro prestado, introducido en él tarda años en completar el recorrido y por lo tanto la necesidad de ser amortizado. Que ese euro prestado a alguien, es endosado al que está al lado y así sucesivamente….hasta llegar a su origen.

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Con esta forma de actuar lo que sucede es que se va creando un inmenso rosario de dinero…que no se tiene, que en realidad no existe y no sólo eso, sino que se ha de devolver porque es prestado. Un círculo de dinero líquido ficticio que se acaba haciendo demasiado grande como para poder ser amortizado, no ya hoy, sino en el futuro. Y es que a grandes rasgos, eso es lo que ha pasado. Que hemos vivido de un dinero que no hemos tenido; de un dinero que pensábamos era nuestro, porque llegado el vencimiento era renovado sin la menor dificultad. En algunos casos las empresas han funcionado dependiendo casi exclusivamente de ese dinero.

Pues bien, en un determinado momento, el Banco Emisor alarmado por las proporciones que este círculo de dinero virtual estaba adquiriendo decidió reclamarlo…poniendo trabas a que la rueda continuara girando. ¿Cómo? Pues dificultando las renovaciones de las cuentas de crédito. ¿De qué manera? Exigiendo el cumplimiento de unos parámetros que en la inmensa mayoría de los casos tanto en las declaraciones del impuesto de sociedades como de la renta presentaban unas cifras que nada tenían que ver con los volúmenes de negocio que esas empresas manejaban.

 Dicho en otras palabras, ante el temor de un colapso financiero…se tomaron unas medidas para controlar el riesgo que antes no existían…o al menos no se aplicaban con el suficiente rigor. En seis meses, el efecto dominó empezó a realizar el estrago económico en el que hoy nos encontramos.

Sin embargo creo que el Banco Emisor reaccionó demasiado tarde. Pese a las advertencias de Luis Ángel Rojo, anterior Gobernador, Mafo no se atrevió a atajar esta locura, antes bien la quiso ocultar cargando algún muerto financiero a entidades solventes, léase el caso de C.C.M. y su intento fallido de endosársela a Unicaja. Si Medel llega a tragar…no nos enteramos del pufo.

Continuará

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