Hoy, como decía anteriormente, la estructura socio laboral no es la misma, no existe una pirámide con un perfil tan vertical e inaccesible, más bien existen pirámides adosadas a otras más grandes formando como adherencias que suponen a modo de escalones por los que se puede transitar. De tal manera que en el horizonte ya no aparecen solamente inmensas moles aisladas sino que a su lado existen otras en principio más pequeñas que cubren esos vacios que antes aparecían entre ellas.

Esas peldaños son las pequeñas empresas y autónomos. Personas que a base de creatividad, trabajo, desvelos y capacidad, han iniciado un negocio que con el tiempo quizá llegue a igualar a aquellos entre los que nació. Me estoy refiriendo a esos trabajadores que dejaron la tranquilidad de un sueldo para asumir la incertidumbre de un riesgo. Dicho en lenguaje actual, decidieron ser emprendedores. Y creo que por aquí está buena parte del futuro y la solución a este enorme atasco laboral.

Pero el problema hoy es que tanto unos como otros, empleadores de mayor o menor calado y empleados, están sumidos en una gran crisis de trabajo. La lista de autónomos y asalariados que se encuentran en paro aumenta sin cesar. Esta crisis está afectando no solamente a los que buscan su primer empleo y no digamos ya si es en algún trabajo relacionado con la formación recibida. Su siniestra sombra ha llegado a tocar a quienes se sentían muy seguros, bien por la cualificación de su profesión o por el tiempo que llevaban ejerciéndola.

¿Qué ha sucedido para que se haya destruido tanto empleo, incluso aquél que se encontraba más o menos consolidado en el tiempo?

Establecer la línea que divida aquellos despidos consecuencia de un auge económico temporal, de otros que corresponderían a trabajos más estables, es tan difícil como trazar una raya en el agua, que además en cualquier caso tendría un trazado muy quebrado.

Sin embargo, al menos en el caso de los primeros, tengo mi propia teoría: La crisis económica actual, creo tiene su origen en un hecho que presenta una doble cara. Hemos vivido de un dinero que no existía y que por tanto no generábamos y del dinero de unas subvenciones que pensábamos iban a suplir “in aeternum” las rentabilidades del negocio y que no generábamos tampoco. Es decir, la ilusión de nuevos ricos o la falta de costumbre en el manejo del dinero. Y así andamos ahora, desilusionados y sin apenas dinero para poder manejarlo.

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