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Introducción

“A dos hombres venero yo en este mundo: al labrador sufrido de mano callosa y nervuda, en la que permanecerá para siempre una real e indeleble majestad, puesto que en ella está el cetro de este mundo. Y a aquel que trabaja por las imprescindibles necesidades del espíritu; no por el pan cotidiano, sino por el pan de la verdadera vida”. Thomas Carlyle.

En el momento que este ensayista inglés pronunciara su hermosa frase a mediados del siglo XIX, ni él mismo podría imaginar que un derecho tan básico como es el trabajo…iba a convertirse cien años más tarde en un bien tan sumamente escaso.

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No descubro nada nuevo si digo que estamos atravesando una crisis sin precedentes en la historia de la humanidad; que estamos asistiendo a un cambio de dirección único hasta ahora en esa historia. Da la sensación que el futuro del hombre no va a ser una prolongación modernizada del pasado, una civilización enganchada con el ayer, sino que se va a convertir en una humanidad de nuevo cuño…en la que se va a hablar un lenguaje hasta ahora desconocido. Preguntarse cómo va a pensar, se va a comportar, cómo va a ser el hombre dentro de cien años, no más, es asomarse a un precipicio del que desconocemos su final; y hablo de precipicio no por el miedo a algo peor…sino por el vértigo y la inseguridad que produce el desconocimiento de lo que ese futuro presenta.

El avance intelectual basado en la tecnología, como una filosofía que alimente la mente del hombre en el futuro, corre el riesgo de llegar a convertirse en una mera aplicación inmediata y directa de las posibilidades que ofrecen las cosas inventadas por él. El mayor riesgo que amenaza a la humanidad para su avance posterior consiste en quedar a merced de sus propias creaciones. Que la máquina se convierta en la auténtica madre de la filosofía para el hombre en el futuro. De ser así, la capacidad de abstracción quedaría enterrada y con ello la posibilidad de que el hombre pudiera reflexionar sobre su propia identidad. Sus ideales quedarían atrapados por el techo de sus conquistas. El horizonte despejado para encajar lo imprevisible dejaría de ser un referente en su vida.

Estaríamos así ante una nueva civilización: la del hombre mecanizado o robotizado. Pasaríamos de haber creado robots que parecen humanos, a convertirnos en personas que parecen robots. Estaríamos hablando de algo apocalíptico par la especie humana,…su extinción.

Estas líneas están escritas sobre la hoja de un “cuchillo”…muy afilado por las circunstancias actuales de crisis profunda que estamos atravesando y que se me antoja irreversible en muchos de sus aspectos. Irreversible sobre todo si pensamos en volver…a las andadas que es lo mismo que decir al derroche y falta de respeto al dinero y al trabajo. Pero no solamente por eso. La historia nos enseña que nunca el futuro se comporta como el pasado; que las maneras y afanes cambian con el tiempo, que también el trabajo y la forma de concebirlo, las propias posibilidades que el desarrollo social permite, lo hacen conceptual y materialmente distinto.

Para más de cuatro, estas letras supondrán enfoques muy discutibles tanto del problema como de su solución, aunque me adelanto a decir que la fórmula para salir de este “impasse social”…no se encuentra todavía escrita en un papel, ni en la mente de ningún intelectual…aunque se perciba ya el sentido  en el que ha de ir. Pese a lo afilado de estas líneas espero no acabar cortándome con ellas, ni tampoco hacer mucha sangre a quien las lea.

(Continuará)

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