El sentido de la vida, III, por Fermín Gassol

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Cada cierto tiempo, los periódicos y las revistas especializadas publican los resultados de ambiciosos y complejísimos estudios científicos realizados con unos medios  técnicos que son impresionantes. Uno de los últimos proyectos que se están llevando a cabo tiene como objetivo intentar desentrañar una vez más el origen de nuestro universo, al menos del universo que conocemos hasta ahora, el descubrimiento del origen de la materia.

El lugar en donde se está llevando a cabo el citado proyecto se encuentra ubicado en el centro de Europa en el Gran Colisionador de Hadrones, un círculo de 27 kilómetros en las fronteras entre Francia, Italia y Suiza, donde se impulsan átomos en distintas direcciones con la finalidad de hallar información de las colisiones existentes entre ellos y que serían los causantes de la formación de la masa.

Pues bien, parece ser que como resultado de las investigaciones realizadas, estos científicos dicen encontrarse próximos a descubrir una partícula subatómica denominada científicamente “bosón” de Higgs a la que han bautizado de una manera irónica como la “partícula de Dios” por la creencia de que en ella se encuentra el secreto del origen del universo.

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 El objetivo de todos los proyectos de este tipo parecen perseguir siempre un fin que resulta ser el más ambicioso para cualquier científico: descubrir el origen de todo lo que existe. En este caso se trata sin duda de un proceso físico nuclear admirable en el que la legítima curiosidad por el conocimiento que rodea al ser humano tiene aquí un exponente extraordinariamente importante.

 Independientemente de la enorme trascendencia y calado que este u otros descubrimientos tienen sin duda alguna para la ciencia, resultan ser en todo caso unos procesos estacionales, nunca definitivos debido a que el elemento descifrado siempre remite a otro interrogante anterior en esa cadena del misterio científico por descubrir.

 La convicción o la creencia de que estos trabajos puedan dar algún día con el Alfa de la existencia material, lo cual significaría algo tan vertiginoso para la mente como descubrir que tras ese hallazgo no existe ya ninguna otra realidad, no puede llevarnos además a pensar que estaríamos también ante la prueba de la existencia o no existencia de Dios, como si al final de ese proceso y detrás de su último elemento, detrás de la partícula más básica reconocible por la ciencia, pudiera aparecer el dedo del Creador…o la nada.

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