El sentido de la vida, I, por Fermín Gassol


“El hombre antiguo apenas tenía conocimiento de algún lugar a donde poder mirar, nada que explicara su azarosa vida y su penoso destino, por eso dirigía su mirada siempre al Cielo para encontrar la explicación de todo lo que sucedía.

El hombre actual anda tan impresionado y está tan orgulloso de sus logros que no siente la necesidad de mirar más allá de sí mismo. La sociedad actual sobrevive a la sombra de unos edificios personales tan inmensamente altos que impiden a los que los habitan percibir la necesidad de buscar un hueco mental para poder gozar de la luz que viene de ese mismo Cielo.

 El título responde a la radical importancia, creo, tiene la vida en sí misma para el hombre. Algo con origen sorprendente y que adquiere después sentido personal, algo tan simple como complejo que nos es tan natural y que en demasiadas ocasiones nos resulta también tan difícil de encajar, esto es, encontrarnos con un lugar donde experimentar la vida misma, no como un lugar físico solamente sino un lugar mental, afectivo y existencial, vital en suma. Nuestra vida dentro de la vida.

 Porque la vida, además de consistir en un viaje más o menos duradero en el que cada mañana emprendemos una nueva etapa que no sabemos que nos puede deparar, resulta ser también un misterio en ella misma. Pero se trata de un misterio en el que las personas profundizamos de manera muy distinta o no profundizamos. La suerte o el misterio de haber sido, de ser lo que somos y de vivir como vivimos.

“¿No es triste irse a la tumba sin llegar a preguntarse por qué has nacido? ¿Quién, ante semejante pensamiento, no habría saltado de la cama, ansioso por comenzar de nuevo a descubrir el mundo y regocijarse por ser parte de él?” Richard Dawkins.

Y es que dos son los misterios que la vida ofrece; su origen y la manera en que cada persona la acaba viviendo bajo la influencia de los factores genéticos, personales, ambientales, sociales, éticos o religiosos. Porqué mi vida ha sido, está siendo y será como es y no de otra manera. Es el misterio de la vida y de nuestra existencia personal.

Para un vitalista convencido de la dimensión transcendente del ser humano como es mi caso, pensar en la vida, en su origen y sentido, constituye el mayor… en el fondo, el único  misterio por descubrir.

Al origen de la vida, la verdad, es algo a lo que no he dedicado demasiado tiempo. Una vez aquí, mi deseo más importante siempre ha sido y sigue siendo el de vivir para siempre. Un deseo que tiene su origen en la creencia de que la muerte no es el final sino un “kit kat” entre dos vidas; en la experiencia existencial más profunda de creer que el hombre no es un ser para la muerte sino para la vida porque cualquier final supondría el mayor fiasco  para nuestra existencia; nacer a la vida como un regalo precioso para terminar con un final que no deseamos, privándonos así del mayor valor de este regalo, el deseo de seguir viviendo; de no ser así, todo lo acontecido carecería de sentido porque habría sido consecuencia del puro azar en el que cada uno de nosotros no ha sido más que un accidente pero dotado de capacidad para querer ser mucho más que eso, inteligente al fin; la muerte aparecería como una aberración mental, afectiva y vital.

(Continuará)

Acerca del autor

Fermín Gassol

Director de Cáritas Diocesana de Ciudad Real

Escribe un comentario

Click para comentar

  • auditados-por-OJD1.png
  • bodegas-verum-3.gif
  • gif-kirira.gif