merda d'artista

Hacer un análisis objetivo sobre el arte contemporáneo, sin caer en tópicos ni en delirios pseudointelectualoides, se convierte de entrada en una empresa difícil, el propio código imperante actual nos empuja a caer en la vehemencia y a tomar posturas extremas, cada día que pasa se hace más difícil el rigor desapasionado, y al mismo tiempo estamos demasiado acostumbrados a sacar los discursos fuera de contexto. No obstante un servidor hace tiempo que se puso el impermeable protector, y la corrección política se la dejo a los que tienen mucho que perder.

Para poder entender el arte contemporáneo es preciso conocer toda la evolución del arte moderno desde sus inicios, así como su evolución sociológica. El convulso siglo XX trajo consigo varias etapas en la historia del arte que podríamos dividir en cuatro por los importantes hechos ocurridos.

La primera etapa es la de las grandes vanguardias, y su periodo se situaría entre el comienzo del siglo y el final de la primera guerra mundial. Este periodo sería el de la continuación y culminación de los movimientos artísticos de finales del siglo XIX como consecuencia de la revolución que supuso el Impresionismo. En la primera parte ya hablamos de los “ismos” postimpresionistas: Nabis, Faubistas, Expresionistas, Cubistas, Futuristas, Dadaistas, abstractos, etc. Es la edad dorada del arte moderno, cuando todo estaba por hacer.

El periodo de entreguerras trajo el afianzamiento y evolución de éstos movimientos a los que se unieron el Surrealismo, los Metafísicos, los constructivistas y los Naif. La aparición de todos estos movimientos vino acompañada casi siempre por sus manifiestos, muchos de ellos tenían una carga intelectual e ideológica y eran aglutinadores de distintas disciplinas, quizá el más importante pudo ser el Surrealismo, movimiento que se extendió también a la literatura, el cine o la fotografía, hablamos pués de Movimientos y no de Estilos. Es en esta época donde emergen las figuras de los críticos de Arte y los galeristas en calidad de Oráculos, portadores de los grandes secretos acerca del arte moderno.

Éste periodo de entreguerras estuvo marcado, por un lado por la ascensión al poder del Fascismo en algunos paises europeos, así como por el afianzamiento del sistema Socialista en la Unión Soviética, por el otro. Fuera del sistema Capitalista el arte soviético evolucionará por derroteros distintos al resto, aunque el Constructivismo nace allí prontó se exportará, ya que sus propuestas estéticas encajarán en el sistema occidental de tal manera que evolucionará hacia otros caminos, y será clave para la aparición posterior de otros movimientos como el Op-art y el Arte Cinético.

Pasada la contienda, mientras la vieja Europa desgarrada se lame las heridas, el centro mundial del arte se traslada de París a New York, el sistema hace del Arte Moderno un producto financiero más. Aún surgen algunos movimientos que aportarán algunas propuestas estéticas, y así surgirá el Expresionismo Abstracto que en Europa se llamará Informalismo, el Pop Art, y los antes citados Op Art y Arte Cinético. Las galerías de arte de N. York destilarán vanguardia y poco a poco se harán con el control intelectual del Mercado del Arte.

Llegada la década de los 60, los artistas plásticos se encuentran con la terrible realidad de que no hay ya nada nuevo que aportar. Un siglo de contínuas aportaciones evolutivas ha agotado todos los recursos estéticos. Podemos considerar pues que lo que llamamos Arte Contemporáneo es todo aquel hecho a partir de la década de 1960. El artista contemoráneo se encuentra con un panorama desolador; Con todo un Mercado creado en torno al Arte, en la dinámica propia del Mercado está la única idea de la originalidad, sólo siendo original podrás acceder al Olimpo del Arte Contemporáneo. Después de un siglo de contínuas apariciones de propuestas rompedoras, en la actitud natural del artista está la búsqueda de la originalidad, y ésta sólo puede aparecer por dos vías muy distintas: Proponer nuevos conceptos fuera de la pintura a partir de la tecnología y otras disciplinas, o la revisión de los distintos estílos buscando un lenguaje propio.

La presión ejercida por los Gurús del Arte y del propio Mercado incide en la idea de que “la pintura ha muerto”, y que los últimos movimientos han sido la larga agonía de una enfermedad incurable, por otro lado se empieza a hablar del Arte Conceptual en el que lo importante es la Idea y no el Estilo. Aparecen nuevas propuestas que aunan distintas disciplinas, y las galerías de arte en muchos casos dejan sus paredes vacías para acoger sesiones de Happening, Performances, Body Art o Instalaciones. Estas propuestas por otro lado no encajan en el Mercado de los coleccionistas privados, y su auge se debe al llamado Estado del Bienestar; Surgen Museos, privados y Públicos, y Fundaciones creadas por las grandes corporaciones, con fines exclusivamente fiscales, que empiezan a consumir Arte, estas instituciones echarán mano de los Críticos y Galeristas como asesores para gestionar sus compras, y de pronto la modernidad se democratiza, el público más o menos culto se deja llevar, y dá por hecho la supuesta calidad de las obras expuestas sin plantear dudas sobre algo que no comprende, se llega entonces a la perversión indecente ejemplificada en el artista Piero Manzoni con su Merde D´artiste, exponiendo unas latas de conserva que contienen sus propios excrementos.

Por otro lado las galerías tienen que seguir vendiendo a los coleccionistas privados, de los que una gran parte de ellos compran también por motivos especuladores más que por pasión o afición. A pesar de los mensajes que anunciaban la muerte de la pintura es necesario vender cuadros y llenar las paredes de las salas. De pronto esas paredes empiezan a llenarse de fotografías, a pesar de que desde principios del siglo XX éstas suelen aparecer en las templos del Arte, su presencia no era proporcional a su importancia, pero por fín esta nueva disciplina está donde debería haber estado hace mucho tiempo. Por supuesto que la pintura no ha muerto, lo único que ocurre es que se hace necesaria una revisión profunda, y la aportación que hace al Artista Plástico actual es mucho más personal olvidándose de propuestas colectivas.

En este panorama un tanto caótico, donde la búsqueda de la originalidad se convierte en dogma, se dá una circunstancia nueva en el panorama artístico, y esta circunstancia es que el criterio se ha desvirtuado tanto -por la voraz demanda de un producto especulativo financiero- que se cuela mucha basura, tanto conceptual como artística, y el público snob no se atreve a denunciarlo. Por otro lado el arte se ha convertido definitivamente en un producto financiero y en un negocio muy jugoso, la fórmula consiste en comprar obras de artistas emergentes que estén avalados por los nuevos brokers, es decir: los críticos. Son inversiones seguras, porque multiplican su precio en poco tiempo, y en muchos casos artistas jóvenes e inexpertos entran en la vorágine de la producción descerebrada deslumbrados por el éxito, un éxito que alimenta egos y que enriquece a galeristas, críticos y coleccionistas.

Cuando llega la crísis y explota la burbuja se descubre la estafa; el mercado ha especulado con el arte de tal manera que llega el Crack, y la mayoría de las obras de arte contemporáneo no son sino otras Acciones Preferentes más. los coleccionistas se encuentran con obras por las que han pagado un dinero desorbitado y ahora no valen nada, por lo que el mercado del arte pierde todo su crédito, las galerías de arte empiezan a cerrar y sólo unos pocos coleccionistas -los más poderosos económicamente- siguen invirtiendo, pero esta vez lo hacen en obras de artistas de los que ya aparecen en los libros de historia.

La gran crisis actual ha condenado a los artistas a la miseria; a los buenos y a los malos, y la solución está en un callejón sin salida.

No obstante el panorama artístico actual está emergente, la aparición y consolidación de las redes sociales hace que la obra de cualquier artista pueda ser vista en todos los puntos del planeta y eso hace que éstos produzcan e intenten superarse, hay una tendencia progresiva a la vuelta de la figuración, y la calidad va subiendo, ya que la gran competencia existente obliga a ello. Estamos pues ante una nueva perspectiva, el mercado del arte está cambiando las reglas, ahora se trata de crear nuevos consumidores que tengan criterio propio, vender a los que realmente aman el arte, y puede que así los artistas podamos por fín ser los actores principales de la representación con un público a su altura.

Manuel Buendía – artista plástico

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