De comprobar, a creer II, por Fermín Gassol

¿Por qué hemos de esperar a recibir ese regalo? Pues porque estamos hablando de llegar al conocimiento de una realidad que nos supera; a una realidad que al ser conceptualmente distinta a la materia y a la nada escapa a la posibilidad de conocimiento con nuestras facultades naturales y ante la cual, por tanto, la ciencia siempre acaba confundida al no poder llegar a descubrirla utilizando de manera exclusiva su inteligencia, su voluntad o su intuición.

“Es más fácil creer que pensar y saber” reza un conocido aserto ateo. Ciertamente esta afirmación respondería a una verdad si eso de creer constituyera un perezoso, simple e infantil acto de imaginación realizado por nuestra inteligencia con la única finalidad de impedir el siempre tortuoso esfuerzo de pensar…y llegar a saber, a conocer la verdad. Quienes sostienen que Creer es imaginar, quienes piensan que Creer es ignorar, menospreciar o evadir la realidad, no hacen sino poner en sus labios de una manera coherente lo que ellos entienden por creer.

 Sin embargo el concepto, la realidad pero sobre todo la experiencia que encierra el Creer para el cristiano no tiene nada que ver con eso. La FE en el cristiano tiene los componentes fundamentales de la Identificación y Comunicación viva “de y con otra persona” que llama a nuestro “teléfono móvil existencial” para mantener un encuentro amoroso, íntimo y personal permaneciendo siempre junto a ese “hilo telefónico” esperando a que le demos el “sí” a su invitación de “ven y sígueme”, a su oferta de conversión y a vivir el Evangelio; algo diametralmente distinto a lo que pudiera ser una imaginaria y fantasiosa conversación consigo mismo al más puro estilo de Gila en la que nadie hay al otro lado del teléfono. Esto es precisamente lo que piensan quienes opinan de una manera tan errada sobre la esencia y contenido de la Fe cristiana.

Es más, el necesario y radical componente de regalo, de acontecimiento, de completo Don que supone Creer que Jesucristo es Dios, aun siendo un discontinuo en nuestra existencia, en nuestras previsiones y en nuestros más inteligentes deseos de felicidad, no resulta ser algo que queda al margen de los deseos que la naturaleza humana anhela. El mensaje del Evangelio, aquello que la Revelación nos desvela, amplía y trasforma sustancialmente la concepción más profunda de la razón del ser humano, pero ante todo colma y perfecciona también el horizonte humano del hombre.

 Dicho de otra manera, el cumplimiento del mensaje del Evangelio posibilita al hombre una visión y un conocimiento de todo lo radicalmente humano como ninguna otra religión lo hace. Si la Fe es como el ático con vistas a un infinito, las verdades de esa Fe dan un sentido y contenido nuevo también a todos los demás pisos del edificio. No podría ser que ese ático quedará por así decir, colgado y sin conexión con el resto del edificio vital del hombre. El cristianismo es por tanto la respuesta más integral a los anhelos y problemas que tiene el ser humano, creyente o no.

(Continuará)

Acerca del autor

Fermín Gassol

Director de Cáritas Diocesana de Ciudad Real

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