Yeguada Los Arcangeles

Tomás, uno de los doce, llamado el Mellizo, no estaba con ellos cuando Jesús vino. Entonces los otros discípulos le decían: ¡Hemos visto al Señor! Pero él les dijo: Si no veo en sus manos la señal de los clavos, y meto el dedo en el lugar de los clavos, y pongo la mano en su costado, no creeré.  Ocho días después, sus discípulos estaban otra vez dentro, y Tomás con ellos. Y estando las puertas cerradas, Jesús vino y se puso en medio de ellos, y dijo: Paz a vosotros. Luego dijo a Tomás: Acerca aquí tu dedo, y mira mis manos; extiende aquí tu mano y métela en mi costado; y no seas incrédulo, sino creyente. Respondió Tomás y le dijo: ¡Señor mío y Dios mío!  Jesús le dijo ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que no vieron, y sin embargo creyeron.  (Jn. 20, 24-29)

Como podemos ver, para el hombre pragmático, seguidor exclusivo del conocimiento positivo, conocimiento que ha dado y sigue dando explicación a muchísimas incógnitas que rodeaban y siguen rodeando al ser humano, la idea de Dios tiene mucho que ver con la de una lámpara que antes iluminaba todo los acontecimientos que acaecían en “la noche de las ciencias” y que a medida que éstas han venido descubriendo el porqué de muchas cosas, su luz se ha ido atenuando para un día dejar de iluminarnos por completo.

Para el hombre que tiene una idea de la existencia menos reducida a la exclusivamente positiva y más amplia, cordial y vital, la existencia del misterio de la vida se mantiene en una parcela de pensamiento que abunda en el terreno de la filosofía aunque con muy distintas perspectivas y conclusiones pero que resulta ser siempre para el hombre más compleja y profunda porque interesa a una esfera distinta a la del puro conocimiento positivo.

Para el hombre con una idea del conocimiento natural de Dios todos los descubrimientos de la ciencia no hacen sino confirmarle en sus pensamientos a nivel de la teodicea o teología natural. Estos descubrimientos suponen para el hombre religioso una admirable demostración de la grandeza de un Dios que es el creador del universo. Sin embargo y por mucho que profundicemos en el conocimiento natural de Dios éste quedará reducido a un aprendizaje y reconocimiento que aún siendo personal, algo superior que es necesario, que es causa y origen, será un conocimiento ajeno a la identidad que ese Dios encierra en su interior.

Si queremos dar un paso más allá de ese lejano conocimiento, si queremos superar el saber sobre ese “alguien lejano” y poder conocerlo como “alguien accesible y cercano” e intentar descubrir los entresijos de la identidad de Dios por dentro, conocer “QUIEN” es Dios, cual es su nombre, no tenemos más remedio que pensar, superar todas las disquisiciones anteriores, dejar las nieblas de los enfrentamientos entre los distintos saberes y ciencias, trascender las posiciones fragmentarias por muy completas que nos puedan parecer, superar la dialéctica ideológica entre lo concreto y lo abstracto… y además de todo esto, recurrir al Don de la Fe, a eso que los cristianos llamamos CREER.

(Continuará)

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

Dejar respuesta

Please enter your comment!
Please enter your name here