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Alguna vez he escrito sobre personas que me han dejado huella o sobre acontecimientos que me han hecho conocer otra realidad y por tanto enriquecido mi visión y versión de la vida.

Ocurrió hace 21 años, en la primavera de 1996, en torno al día 23 de abril, la Fiesta del Libro, el día de Cervantes.  Y lo viví a 9000 km.  de distancia de La Mancha, en  la ciudad de Guanajuato (México).  Allí hay una parte importante del corazón  de La Mancha.

Iba en representación de la Excma. Diputación de Ciudad Real, por mi condición, entonces, de vicepresidente de la institución provincial y responsable del área de cultura.  El objeto del viaje era la intervención en los Coloquios Cervantinos de  la ciudad de  Guanajuato y  representar a la Diputación. Me acompañaron: Alicia Diez de Baldeón;  profesora de la Universidad Regional, la artista plástica Arsenia Tenorio; que exponía una importante y singular obra sobre la locura de  D. Quijote y el encargado de prensa Nacho Sánchez Morate.

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Cuando tuve conocimiento de los intervinientes en cada una de las conferencias que había programadas sentí  pánico ante  los currículos profesionales y  la competencia y erudición que los invitados aportaban en el conocimiento  de la obra del universal Cervantes.

Para no hacer demasiado el ridículo decidí hablar de lo poco que yo sabía y centré  mi disertación haciendo un canto a La Mancha y la vinculación que los pueblos de  nuestra tierra tienen con los diferentes capítulos de la obra de  Cervantes: Cueva de Medrano, Cueva de Montesinos, la Venta o los Molinos de Viento. Complementé mi charla con un recorrido  por las visitas y obra  que algunos escritores románticos europeos habían realizado a La Mancha y cómo la describieron.

Es bueno saber que Gautier; en El voyage en Espagne (1840), Alejandro Dumas; Cartas del viaje desde Paris a Cádiz (1846) y Ausgust F. Jaccaci en On the trail of D. Quichote, hacen una descripción, desde su óptica, de la tierra de D. Quijote. Los tres intercalan vivencias  y miradas sobre nuestro paisaje y el paisanaje que lo habita.

En esta ciudad, capital del estado de igual nombre, se celebran, año tras año, importantes eventos sobre Cervantes, sus obras y especialmente D. Quijote. Allí vivía D. EULALIO FERRER, persona a la que califico   como esencial en la existencia de esas celebraciones. Y de él y como homenaje a su persona escribo este artículo con la exclusiva idea de dar a conocer cómo un cántabro, se fijó como  objetivo que D. Quijote y La Mancha se conociesen y se amasen.

Eulalio Ferrer Rodríguez nació en Santander, el 26 de febrero de 1920, en el seno de una familia humilde; su padre fue linotipista. Estudió en el colegio de Los Salesianos y posteriormente en la Escuela Laica de Magallanes.

En 1935 se inició como periodista en el diario La Región y ya en plena Guerra Civil envió crónicas desde el frente de Burgos al periódico El Cantábrico.

En julio del 1940 llega a México como parte del exilio español. Antes de su arribo a América permaneció en diferentes campos de concentración en Francia.

Al llegar a México, Eulalio Ferrer se estableció con sus padres y sus hermanas en Oaxaca, donde se ganó la vida durante un tiempo recitando poemas de Federico García Lorca y Antonio Machado.

Posteriormente continuó con su labor periodística en la revista Mercurio, de la cual fue director durante más de 10 años. En 1946 ingresó al ámbito de la publicidad; al año siguiente fundó la agencia Anuncios Modernos y en 1960 echó a andar Publicidad Ferrer y Comunicología Aplicada.

Eulalio Ferrer fue mecenas de numerosos proyectos culturales como el Coloquio Cervantino Internacional, el Centro de Estudios Cervantinos de Guanajuato, pero sin duda el más importante es el que obsequió a México “para corresponder a la generosidad del país”: el Museo Iconográfico del Quijote, ubicado en la ciudad de Guanajuato, que fue inaugurado en noviembre del 1987.

Ferrer fue creador y colaborador del Ateneo Español en México, de la Fundación Cervantina de México y del Premio Internacional Menéndez Pelayo de Santander hoy conocido como Premio Internacional Eulalio Ferrer.

Entre las distinciones que Don Eulalio Ferrer recibió a lo largo de su vida sobresalen la Orden al Mérito Civil de España, la Medalla de Plata de Santander, Doctor Honoris Causa por la Universidad Complutense de Madrid y la Universidad de Cantabria. Presidente de la Red Cervantina Mundial, además de haber sido académico de la lengua como correspondiente de la Real Academia Española, de la Academia Norteamericana de la Lengua Española y ocupante de la Silla XXII de la Academia Mexicana de la Lengua.

Suma a sus logros el de incorporar al Diccionario de la Real Academia Española el verbo cantinflear, en honor a su amigo el humorista Mario Moreno Cantinflas, con esta definición: “Hablar de forma disparatada e incongruente y sin decir nada”.

El señor Ferrer me regaló un  librito que conservo con todo cariño entre mis mejores recuerdos. “Otras publiperlas” es el título del obsequio. Entre esas perlas me señaló una…” Si existiera memoria de las palabras dichas, el político no existiría”.

Esa sentencia dio lugar a la conversación en la mesa presidencial de la comida oficial que D. Vicente Fox Quesada, Gobernador de Guanajuato en ese momento y meses después Presidente de México, ofreció a  los participantes en el Coloquio Cervantino Internacional de 1996. Amenas e ilustradas intervenciones de D. Eulalio Ferrer. Palabras emotivas de su España del alma y del  México de su corazón. Sin lugar a dudas dejó huella en mí la sabiduría y la apostura del Sr. Ferrer.

También la imagen de niños en edad escolar, vendiendo muñequitas mexicanas en el mercado de San Miguel de Allende, quedó grabada en mi memoria hasta tal punto que una de las fotos que acompañan los libros de las estanterías de mi habitación de trabajo se corresponde con la que me hice con uno de esos chiquillos que a la vez que vendedores hacían de limpiabotas. Su mirada triste y su sonrisa forzada se clavan  en la retina y en el corazón por poca sensibilidad que se pueda tener.

Quizás otra de las perlas, de las publiperlas del referenciado libro, vendría a cuento en este recuerdo...” la indiferencia es la marca fatal de los malos anuncios” pues debe ser que no se anuncia bien, o mala pedagogía social se hace, cuando sigue habiendo millones de niños en las circunstancias del chaval de aquella foto.

Este entrañable recuerdo quedaría incompleto si no mencionase las exquisitas atenciones que nos brindó el Licenciado  D. Arnulfo Vázquez Nieto, a la sazón, alcalde de Guanajuato (D.E.P).

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