zombie

Queridos amigos:

Ustedes no me conocen o, quizá, no por este nombre (habituados como andan a colocarnos la etiqueta de “zombi” [sí, sin la “e” final que no es aceptada por la Real Academia]).

Soy un zombi (de verdad), es decir un sujeto al que el común le daba por muerto y que, gracias a los siempre intrincados caminos y vericuetos de la brujería, ha podido ser reanimado. Los que no crean en mi existencia son respetados (yo tampoco atiendo a sus múltiples supersticiones, pero me resultan folclóricas y atrayentes, por variopintas; en especial, ésa de airear obras de arte, normalmente policromadas, agasajados con tambores en las frías madrugadas y acompañados de viandantes ataviados con túnicas. Es un espectáculo ciertamente escalofriante).

Viene a cuento esta carta porque he tenido conocimiento de que ciertos sujetos (amparados por iniciativa privada) van a tomar las calles de Tomelloso en la madrugada de los próximos días en el marco de una ficción conocida como “real game”.

Y no solo las calles (y aquí es de dónde viene mi inquietud). Según lo publicitado, y a pesar de que el tránsito no es objeto de cortes, el Ayuntamiento de la localidad va a ceder el uso de edificios públicos para el desarrollo de determinadas escenas relacionadas con el desembarco “zombi”.

Según he podido saber, el Consistorio ya permitió que, en una de sus salas, de la que cuelga un bello cuadro de “El Varal”, se realizara un simulacro, en el que sujetos vestidos militarmente abrían fuego y mataban a otros que, con monos blancos y ensangrentados por todo su cuerpo, se aventuraban como “zombis”. Desconozco si es el lugar más adecuado para tales menesteres, pero lo cierto es que la imagen de uno de los concejales asediado por ese individuo disfrazado de espectro da para un libro (el género ya lo ponen ustedes).

A buen seguro, el Ayuntamiento, en el contrato suscrito al efecto, vaya a cobrar por la utilización de las instalaciones públicas que realice esta empresa de “zombis” de ficción (o habrá establecido cualquier tipo de mecanismo para que la empresa satisfaga un coste por el uso de los mentados lugares). Pero me llama la atención que, a pesar de sus múltiples requerimientos, mi amigo El Conductor del Coche Escoba no haya encontrado respuesta sobre el particular (ni por diferentes Concejales interpelados, ni por la propia empresa organizadora). A ustedes les resultará extraño, pero los “zombis” (los de verdad, como yo) estamos muy habituados a que nuestros gobernantes acudan prestos a contestar las dudas de sus conciudadanos (se parte de la premisa, por aquí, de que ésa es, fundamentalmente, la labor que tienen encomendada. Va de suyo que trabajen para el bien de la ciudad).

Evidentemente, otra circunstancia, la de que se facultara a una entidad privada (que cobra por la participación en el evento) al uso gratuito de los espacios públicos resultaría una conducta totalmente incomprensible (por llamarlo de un modo educado) y, además, un agravio comparativo para con otros municipios (no en vano, el concejal responsable del ramo en San Vicente de Raspeig se encargó, en su día, de aplaudir la celebración de estos eventos por ser “a coste cero para el Ayuntamiento”).

Mi interés sobre el tema no es ocioso. Si se diera el caso de que las apariciones de “zombis” son auspiciadas en su localidad (uno no anda precisamente boyante en lo monetario; la crisis también ha afectado por estos lares), no dudaría en concurrir a las mismas (me ha sido referida la bondad de sus vinos y del paisanaje de las gentes de Tomelloso).

Les envío mi más cordial saludo. Espero que no tengamos (por su propio bien) la ocasión de encontrarnos a lo largo de nuestras vidas.

Un supuestamente muerto y reanimado por brujería

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