Carta a Manuel (Porras) Alcántara


Desfile del mantenedor, Manuel Alcántara, en el centro-derecha de la imagen, y autores premiados de la XX Fiesta de las Letras, en compañía de la Reina y Damas de la Feria y Fiestas.
Desfile del mantenedor, Manuel Alcántara, en el centro-derecha de la imagen, y autores premiados de la XX Fiesta de las Letras, en compañía de la Reina y Damas de la Feria y Fiestas.

Mi muy querido Maestro:

Los más habituales del lugar verán que he roto esa costumbre de dedicar estas líneas a los nacidos en Tomelloso o residentes en la localidad.

Existe motivo (a mi juicio) más que propicio.

Se han cumplido más de sesenta años de aquel día (sábado 3 de septiembre de 1955) en el que usted acudió a nuestra localidad para recoger el Premio del Ayuntamiento (que, por aquel entonces, se entregaba) en la sexta edición de la Fiesta de las Letras.

Su obra “Poema de amor a La Mancha” concitó el favor de un jurado en el que destacaban ilustres creadores de nuestra tierra, como Eladio Cabañero y Juan Torres (ambos cuentan con galardones conmemorativos en la actual celebración del fecundo certamen literario).

Como bien recordará, aquel acto fue presentado por nuestro más insigne novelista, Francisco García Pavón (al que ya hemos encartado en varias ocasiones en este reducto de correspondencia muy poco al uso) y, en las funciones de Mantenedor, se desempeñó Eusebio García Luengo.

Supongo que gran parte de la población ni tan siquiera habrá rememorado su (fértil) presencia por Tomelloso y me atrevo a dudar que, en aquella época (como ahora), la corte de honor de la Feria y Fiestas (compuesta por Maruja Montero, como Reina, y Carmen Alarcón, Teresa Fernández, María del Carmen Belda, Carmen Castillo, Rosa Pérez y Emilia Jiménez) hubiera disfrutado, de antemano, de su obra “Manera de Silencio” (comprenderá que mi carácter dubitativo alcance, también, al periodo posterior).

Le decía que había un motivo (propicio) para escribirle (hoy, ahora). Soy de los que considera que no se necesita efemérides especiales para recordar y ensalzar la labor de un poeta, de un creador. Pero, en estas fechas, en el que la sociedad da la espalda al noble arte del boxeo (con excepciones ilustres como la de su buen amigo Garci, el inapelable Manuel Jabois, el periodista Julio César Iglesias o el escritor Juan Manuel de Prada, por citarnos algunas de las más notables), me parece oportuno tender un puente (como tantas veces hizo usted en sus fabulosas crónicas de los combates) entre el pugilismo y la literatura.

Es cierto que nuestra localidad no ha sido (en su historia) especialmente aficionada a las veladas de boxeo (aunque algunas se han disputado) pero, quizá, con la gran sensibilidad y altura de miras que usted narraba las gestas de nuestros bravos púgiles (Legrá, Carrasco, Durán, Urtain, Perico Fernández…) se pueda iniciar a los más legos en una afición que sobrepasa los límites de lo meramente deportivo.

Es un placer, para un pueblo como el nuestro, contar con alguien como usted entre los galardonados de su Fiesta de las Letras. Pero es (aún) mayor, disfrutar de su enormidad creativa.

Me gustaría que aprovecharan (aquéllos a quien les corresponde) la ocasión, en la próxima Fiesta de las Letras, para homenajearle. Y para que se hablara de boxeo… y de Literatura porque, en el fondo, tan solo estaríamos hablando de (la) vida (como antes, también me permito dudar sobre el buen fin de mi deseo). Decía Roberto (Bolaño) que “hay momentos para recitar poesías y hay momentos para boxear”, pero nunca especificó que esos instantes debieran de hallarse separados.

Desde aquí, Maestro, mi pequeño (pero rendido) homenaje. Que resten muchas madrugadas de boxeo… Y Dry Martinis para regarlas.

Le traslado mi más respetuosa consideración.

El conductor del coche escoba

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El conductor de coche escoba

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