Yeguada Los Arcangeles

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Mi muy querida Biblioteca (Municipal):

No vamos a mentirnos (de inicio) en esta curiosa correspondencia (dudo que se encuentre acostumbrada a recibir misiva telemáticas) porque usted sabe que no suelo acomodarme (jamás lo hice) en sus instalaciones.

Y no por ello (que vendrá algún necio a discrepar) me he apartado de la muy sana costumbre de hacer acopio (y leer; importa más lo segundo que lo primero) miles de volúmenes que, de algún modo más pacífico que otrora, ocupan un privilegiado (a estas alturas) lugar en un domicilio en el que me arriendan (sin coste) presencias y desvelos.

Vinicola Inline

Hace cierto tiempo, uno de los viejos del lugar (dicho con respeto y con sentimiento de vasallaje y pupilaje; aviso a navegantes a los estultos previamente mentados) me relató una deliciosa anécdota que hoy, por los motivos que usted luego entenderá, me resulta adecuada al propósito de estas líneas.

Corría, me decía mi confidente, un caluroso 14 de septiembre de 1952 (según el calendario, domingo), cuando el pueblo festejaba sus tradicionales Feria y Fiestas (no yerro, para los más jóvenes, ya que la Semana grande se ha visto ubicada en diversos periodos temporales en el calendario). Pues eso, que el domingo, y con gran participación de las autoridades locales se inauguraron el Juzgado y la Biblioteca, con bendición (católica) del párroco de la época (Don Eliseo Ramírez).

Pero hete aquí que, a pesar de la alegría y los boatos, la verdadera creación del edificio se postergó bastante tiempo, hasta el punto de que se necesitó que el Pleno del Ayuntamiento, un gélido 5 de diciembre de aquel año, acordara la creación de la Biblioteca, ordenando su ubicación en la planta baja del número 17 de la Plaza de España, destinando un exiguo presupuesto del año siguiente (10.000 pesetas) para atender a los gastos propiciados.

Lo bueno de todo este entuerto (políticos inaugurando falacias, le suena, ¿verdad?) es que se responsabilizaba al insigne maestro de la literatura policiaca española, Don Francisco García Pavón, como bibliotecario (con carácter temporal, que el mercado laboral no se ha inventado hoy) con una modesta asignación mensual en cuantía de 500 pesetas de la época.

Pues ya ve que, como casi siempre, la cultura habita ese difícil lugar en el que se ve preterida por otras actuaciones más urgentes.

FECIRCATUR

Por eso, quizá, me permití recordar (por esa ventana al mundo que es Twitter) que debían cuidar su imagen externa y limitar la longitud de la vegetación que adorna ese curioso mini-jardín del frontal y, como bien conoce usted (igual que yo), mi prédica cayó en tierra yerma.

Cuídese, amiga… y espero que la cuiden (incluso) más.

Fuerte abrazo (y gracias).

El conductor del coche escoba

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

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