Carta a Juan Torres Grueso

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Retrato del pintor Manuel Buendía con motivo del centenario del poeta
Salones Epilogo
Retrato del pintor Manuel Buendía con motivo del centenario del poeta
Retrato del pintor Manuel Buendía con motivo del centenario del poeta

Mi muy respetado Señor:

Continuamos sumidos en la orfandad que su fallecimiento, allá por el año 1982, nos provocó y que nos situó en una pesarosa (por irremediable) coyuntura de nostalgia cultural y vivencial que usted llenaba con su magisterio.

Habrá conocido, asumo, que, durante estos años, y especialmente con motivo de la celebración del centésimo aniversario de su nacimiento, el pueblo de Tomelloso le ha venido rindiendo un tributo constante y agradecido (hasta el punto de que reserva uno de los premios de la Fiesta de las Letras para engrandecer su memoria).

Sus poemas y creaciones han calado hondo en el espíritu de los ciudadanos locales y, desde las aulas de nuestros colegios, se reserva un tiempo (quizá no tan dilatado como la ocasión merecería) para el estudio y disfrute de sus composiciones. De esa poesía directa y sin asomo al recargamiento, deudora de la vivencia en un municipio como el que nos ocupa, pero, por idénticos motivos, cargada de sensibilidad y realidad. O, en las más doctas de Felipe Sassone, en su reportaje “El bien y el mal de los versos” (edición sevillana del diario ABC del día 23 de febrero de 1995), “Y es lo más raro –paradoja de su sinceridad- que cuando el verso pierde aridez, pierde también su jugo –muy pocas veces- y seco tiene más aroma y más sabor”.

Vinicola Inline

En el fondo, mi querido amigo, como usted mismo se definía en esa obra ineludible que es “Tierra Seca”, “yo soy áspero y seco, como la tierra que a mis pies se mece, pardo el sayol de Sancho, y duro el diente, y uno a un risueño de zagal un entero Quijote de Occidente (…)”.

Pues vienen a cuento estas mínimas letras, Sr. Torres, para recordarle que su premonición, y su tristeza, continúa vigente. Porque nuestra tierra sigue comulgando de esa aridez que usted pintó, con términos sinceros y descarnados, en su “Elegía por la muerte del ferrocarril Argamasilla-Tomelloso”.

Ahora, pasados los años, y muy poco cambiado el sentir de la ciudadanía (los espíritus de las ciudades, sus resortes internos hacen que, de un modo u otro, el paso del tiempo apenas pueda afectar en su idiosincrasia), los tomelloseros continuemos azotados por ese abandono, por ese desamparo de la conexión ferroviaria.

Y aquí, algunos, humildes “juntaletras”, continuamos alzando nuestras voces frente a tamaña injusticia y reclamando a nuestros gobernantes que reparen la tropelía. Lo hacemos con prosa mucho menos acertada que la suya, maestro Torres, pero con idéntico tesón y esfuerzo.

Le agradezco, estimado Señor, el ejemplo y la clarividencia de sus manifestaciones, de sus reivindicaciones.

Seguimos siendo (hombres de) tierra árida en un ambiente poco propicio a la lírica.

Suyo.

Afectuosamente.

El conductor del coche escoba

Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

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