Caja Rural Castilla-La Mancha – Donde Quieras

Calabria

Mis muy queridos amigos:

Cien años… que se dicen pronto.

Todas las casas que procuran servicios suelen acompañar su publicidad y propaganda con un, más que necesario, “desde” seguido por la fecha de su inauguración y ustedes, también, reciben a su fiel clientela con ese anuncio de que, ya desde 1916, el pueblo de Tomelloso tuvo ocasión de contar con un pescado de cuidada calidad y variedad.

Creen, muchos, que recordar a personas que se dedican a sus negocios particulares, en esta dudosa (por anónima) tribuna informática y epistolar, es un gesto errático (por equivocado) y que las iniciativas privadas de cada cual no habrían de encontrar mayor aplauso que la bondad de los beneficios crematísticos que, en su caso, puedan cosechar en su giro o tráfico habitual.

Sin embargo, mi intuición y visión difiere, rotundamente, de esa limitada percepción (como ya habrán podido ver durante estos más de dos años y medio de misivas, en esta reserva se han glosado lugares como Lauticia, El Rinconcito, el Alhambra, el Beat o La Elodia; porque, aparte de lo dilatado de sus trayectorias y sus diversas virtudes, conforman parte de la geografía social de nuestro querido Tomelloso).

Y, en especial, cuando los miembros de esos negocios, como es su caso, ocupan un lugar preponderante en el marco de la ciudad, estableciéndose como referentes indudables en el establecimiento de la localidad (llámenme romántico, pero se hace complicado tomar cariño al centro del casco urbano, y al resto de sus calles, cuando sus luminosos responden a las asépticas marcas nacionales o multinacionales que desean equiparar nuestros gustos y costumbres, haciéndonos responder a un estándar de gustos y placeres más guiado que deseado).

Por eso, y sin perjuicio de que a uno le tachen de antediluviano, conviene pararse, durante apenas un segundo, y aplaudir la labor de una familia como la suya que, haciendo una apuesta decidida por la cercanía, se alzan como más mascarón de proa en su sector.

Y ello porque, como es bien conocido, avatares varios vividos de por medio, y no siempre favorables (la ruta de un barco conoce de las tempestades del mar y la derrota no se acompasa habitualmente a nuestros deseos… lo que se hace igual de aplicable a los negocios y empresas), han sido superados de manera más que satisfactoria para alcanzar esa mágica cifra de la centena.

A buen seguro, y a pesar de esta importante efeméride, la austeridad y consciencia tranquila y callada (del trabajo bien hecho), harán que no se desborde el boato (ni corra el champán)… Y será mejor así.

Espero que la mejor de las suertes les siga acompañando y ello redunde en que nosotros podamos continuar concurriendo, mucho tiempo, a su emblemática pescadería.

Larga vida, amigos.

El conductor del coche escoba

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