Basta ya de discriminación, precariedad e indefensión


Llega otra vez el 8 de marzo y, por desgracia, nos vemos obligadas un año más a seguir reivindicando y reclamando un papel más justo e igualitario en esta sociedad patriarcal, construida por y para el hombre. Y es que por increíble que parezca, a día de hoy, las mujeres seguimos siendo menospreciadas en todos los ámbitos de la sociedad.

Entre todas estas formas de discriminación cabe destacar la brecha salarial. El principio de equidad salarial, aquél que establece que a igual trabajo y desempeño de funciones se ha de recibir la misma remuneración, en nuestro caso no se aplica. Recibimos en su lugar menos reconocimiento y una menor retribución por el simple hecho de ser mujeres. En la mayoría de los casos se hace de manera sutil – al hombre se le conceden más complementos salariales, más oportunidades de promoción, horas extra mejor remuneradas… – y así se perpetúa un sistema basado en la desigualdad que nos castiga cuando no cumplimos con el rol que el patriarcado nos asignó hace siglos. Un papel que circunscribía a la mujer en el ámbito del hogar y el cuidado de niños y enfermos, por el hecho de nacer con unos genitales en lugar de otros. Y las consecuencias de esta desigualdad son arrastradas hasta el final de nuestras vidas, traduciéndose en unas pensiones inferiores a las de los varones en torno a un 40%.

Pero no es la única forma de discriminación. Aún hoy las mujeres debemos soportar que en las entrevistas de trabajo se nos realicen preguntas personales del estilo de “¿tienes familia?”, “¿tienes pensado tener hijos?”, “¿estás casada?”…  Además, en la empresa debemos ser más que el varón. Debemos dar más de nosotras mismas, ser más productivas, en definitiva, rendir más que un hombre para que se nos respete, y aun así, las que llegamos a puestos de dirección, tenemos que ver como se nos trata con paternalismo sin importar el organigrama.

Basta de ser esclavas de la precariedad y de las dobles jornadas. Debemos soportar jornadas más largas, cuando no el doble, que las del hombre puesto que cuando finaliza la jornada laboral comienza para nosotras otra jornada, esta vez en la vivienda. El cuidado del hogar, de las personas dependientes, de la infancia… todos estos roles parecen perpetuarse en el ámbito femenino.

Es debido a todo lo anterior, y aún más, por lo que hay que organizarse para romper las barreras y los techos de cristal con los que pretenden confinarnos. Tenemos la responsabilidad de formarnos, de dar un paso adelante y, en definitiva, de empoderarnos.  Debemos exigir a nuestras administraciones públicas, desde el Estado hasta los ayuntamientos más pequeños, que nos reconozcan, defiendan y ahonden en los derechos que nos hemos ganado con creces. Debemos ser punta de lanza en la consecución de la igualdad real a nivel político, social, económico y en cualquier otro ámbito.

Se lo debemos a todas esas compañeras que lucharon por dejarnos un mundo más igualitario. Compañeras como Clara Zetkin, Rosa Luxemburgo o, centrándonos en España, Concepción Arenal o nuestra queridísima Dolores Ibárruri. Mujeres todas ellas que lucharon por conseguir una vida de calidad para sus hermanas y aliadas.

Por ello hay que avanzar en el feminismo, incorporarlo a nuestras vidas, hacer que nuestros compañeros y compañeras vean el mundo a través de las gafas violetas. Se hace necesario usar un lenguaje más inclusivo ya que es una herramienta fundamental para alcanzar un mundo más justo.  Hay que hacer políticas que profundicen en la desaparición de las causas de esta desigualdad.  Debemos reivindicarnos como un sujeto social y político fundamental. Debemos concienciarnos y hacer política, la política que queremos, que necesitamos. Porque si no lo hacemos nosotras otros vendrán a hacerla y sufriremos sus consecuencias.

Feminismo, esa palabra que para algunos y algunas aún genera miedo, a veces rechazo. Debemos luchar contra el concepto erróneo que mucha ciudadanía tiene de esa palabra y decir alto y claro que el feminismo persigue una vida en igualdad para compartirla con el resto de la población. Una vida en la que la mitad de la ciudadanía no se sienta como personas de segunda.

Y una buena forma de unirnos a esta lucha es sumarse al Paro Internacional de Mujeres que tendrá lugar hoy 8 de marzo y que desde nuestra organización, Izquierda Unida de la provincia de Ciudad Real, hacemos un llamamiento para que este paro sea multitudinario.

María Marchante Armero

Tamara Casero Olmedo.

Miriam Salgado Fernández.

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Tribuna

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