A la cálida luz del Dios cristiano III, por Fermín Gassol Peco


Sin embargo y análogamente el verdadero amor personal que se puede llegar a dar entre las personas resulta ser un reflejo de ese Amor Trinitario. La experiencia amorosa de dos seres humanos, si es realmente personal y no es meramente cósica, lleva a tal grado de unión que aún en la ausencia, el ser amado se hace presente, una unión que mantiene sin embargo perfectamente definida la identidad y libertad de aquellos que se aman, una relación que escapa al tiempo y al espacio.

La relación personal es la relación más profunda que pueden tener dos personas entre sí. Con la relación personal descubrimos la realidad total de nuestra identidad  a través de aquella persona con la que nos relacionamos. Es una relación basada única y exclusivamente en la libre apertura y donación.

Una relación que es reflejo de la que Dios mantiene con cada persona. Una relación que es única e irrepetible porque siendo Dios siempre el mismo, se muestra de manera diferente a cada persona humana. Una relación de amistad que se descubre y profundiza a través de la Palabra, de la contemplación del Misterio del Amor, de la oración, del conocimiento intelectual y de las obras. Una relación que tiene como característica más profunda el conocimiento completo de uno mismo ya que esa relación nos hace descubrir de manera gozosa nuestra verdadera identidad, la de ser Hijos de Dios.

Ésta es la máxima expresión que puede darse entre las personas, una expresión que trascendiendo nuestra capacidad natural de amar, satisface y colma a nuestra propia naturaleza, a la vez que hace que nos sintamos sorprendidos por la dimensión que ese acto de amor conlleva. Se trata pues de una experiencia real que inunda a todo el edificio del ser humano y que se alza más allá de él mismo…hasta perderse en la inmensidad de lo Eterno.

Si estas líneas quisieran tener únicamente un fin literario, posiblemente tendrían que haber terminado aquí porque en el recorrido pretendido, carecería de sentido continuar con más etapas. Sin embargo no es este el caso. Ni el que escribe, ni el que lee lo hacemos por un mero interés cultural o intelectual, que también, sino ante todo o así debería ser, por un interés vivencial y eso modifica necesariamente el final del trayecto, es más, ese interés es el que precisamente permite el necesario aterrizaje de todo lo rezado…en nuestras vidas.

Lo más probable es que usted querido lector, si ha tenido la curiosidad y la paciencia de haber llegado a este punto, sea una persona que ha recibido el Don de la Fe por el Sacramento del Bautismo; que participa de y en los Sacramentos, medita la Palabra de Dios y hasta realiza algún tipo de acción caritativa, es decir intenta llevar en su vida, la Buena Nueva del Evangelio

No obstante creo que no estaría de más hacernos ahora la siguiente pregunta: ¿En qué parte del trayecto que hemos realizado me encuentro? Por supuesto que nadie, creo, se encontrará retenido a estas alturas en la fría y oscura noche de la nada sino que gozará de la cálida luz de Dios. Sí, pero ¿de qué Dios?: ¿El Dios cósmico?, ¿El Dios creador?, ¿El Dios religioso?, ¿El Dios de las ideas?, ¿El Dios de las normas?, ¿El Dios de la ética?, ¿El Dios de las tradiciones?,  ¿El Dios milagrero?, ¿El Dios de la justicia social?, ¿El Dios “político”?, ¿El Dios de unos pocos?, ¿El Dios de los míos? ¿El Dios a mi medida?, ¿Mi Dios?, O el Dios del Amor Universal revelado en Jesucristo….que permanece hoy vivo en la vida de la Iglesia….

(Continuará)

Acerca del autor

Fermín Gassol

Director de Cáritas Diocesana de Ciudad Real

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