El Dios de los cristianos es pues el Dios de la Creación del que no sólo podemos saber su identidad personal por la razón, sino al que también y sobre todo podemos conocer porque Él mismo así lo ha querido, manifestándose al hombre a través del pueblo de Israel primero, descubriendo su identidad de una manera paulatina hasta Revelarla de manera total, única e irrepetible a todo el mundo en la figura de su Hijo Jesucristo como un Dios que nos ama y que nos amó hasta el extremo. “En estos últimos tiempos nos ha hablado por medio de su Hijo a quien constituyó heredero de todo (Hb.1,2). Se humilló a sí mismo (Himno Filipenses).

Un Dios que de manera gratuita y amorosa decide que el hombre pueda llegar a conocer la realidad que se da en su Naturaleza Divina, el Misterio de su Realidad Personal, la íntima Realidad Inmanente de perfecta relación entre las Tres Personas, Padre, Hijo y el Amor entre ambos, el Espíritu Santo, a través de la Encarnación de Jesucristo en la historia del hombre, transformándola mediante la Redención, en la Historia de la Salvación.

Una Trinidad Económica plenamente manifestada que transforma a la criatura humana en un hijo de Dios por adopción, haciendo que el cristiano por la acción del Espíritu así lo crea a pesar de que no pueda llegar a conocer sino de manera análoga e incompleta pero veraz la Realidad Amorosa de Dios que se da en las Relaciones entre las Tres Personas y entre el Dios Trino y el hombre cristiano.

El Dios cristiano es el Dios que Salva en la Persona del Hijo, Santifica al hombre por medio del Espíritu y nos va haciendo cada vez más semejantes al Hijo; el Hijo a su vez nos va revelando al Padre y por la acción del Espíritu Santo nos va acercando al pleno conocimiento de su identidad como un Dios Trino.

“Todo me ha sido entregado por mi Padre y nadie conoce bien al Hijo sino el Padre ni al Padre le conoce bien nadie sino el Hijo y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar” (Mt. 11,27).

Llegar a comprender este misterio de relación amorosa por el que las Tres Personas, siendo absolutamente distintas mantienen una perfecta unión sin que por ello pierdan lo más mínimo de su identidad, comprender que aún teniendo entidad propia la una no puede “ser” sin la otra, llegar a entender que alguien es uno y tres a la vez no es materia que esté al alcance de nuestras facultades intelectuales.

 (Continuará)

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